Por: Frida Mendoza
La noche y tú (la noche y tú)
Vive la luna enamorada (wadalupa, wadalupa)
Y al contemplarla en su mirada (wa-la-la-la-la-la-la)
Me hace soñar
Fascinación (fascinación)
Revelación que me extasía (wadalupa, wuadalupa)
Raro esplendor de fantasía (wa-la-la-la-la-la-la)
Que vive en ti
Kali Uchis
Parecía un desvelo más de los que empezábamos a acostumbrarnos. La universidad y las tareas nos habituaban a esa rutina en la que dormir poco era la regla. Y empezamos a acompañarnos.
Era la madrugada de un lunes de junio, lo recuerdo y no importaba desde qué perspectiva lo observáramos: faltaba poco, ya fuera para ir a dormir o para ceder e ir en vivo a la escuela. Pero la cámara web estaba encendida, todavía usábamos Skype y mientras la tarea disminuía, la plática sobre nuestro fin de semana amenizaba el día.
Nuestro primer beso ya existía, las mariposas de verlo entrar al comedor y la plática de hacia dónde íbamos también, pero estoy un cien por ciento segura que mi versión de ese entonces no solía pensar en el peso de las decisiones, en los giros que puede dar la vida con una pequeña decisión. Teníamos 19 años, ¿quién piensa en eso?

Pero de pronto, poco después de la 1 a.m., cuando pensamos que ya era opción ir a dormir lo vi anotando algo, le pregunté qué hacía y no me respondió, solo sonreía, cómo me gusta esa sonrisa. De pronto alzó la mirada y en silencio me mostró lo que había escrito en un papel de cuaderno: “¿Quieres ser mi novia?”, seguro me puse rojísima, era obvio que sí quería pero se la apliqué y también me puse a escribir en un silencio más corto.
“Sí <3”, esa fue mi respuesta en una hoja color beige que encontré en mi escritorio y, sin querer, una de las decisiones más trascendentales hasta hoy.
Yo no sabía que ese sí me llevaría a vivir con él nuestro primer viaje en avión, una mudanza a Bogotá, celebrar nuestros títulos, primeros trabajos, otra mudanza, una gatita, muchas playas y ciudades nuevas, duelos juntos, y nuestra boda. Mi amor de desvelos universitarios hoy me sigue acompañando.
Tal vez por eso cuando me invitaron a escribir sobre algún desvelo memorable aunque me pregunté sobre qué escribir, sabía quién era el memorable.
Porque desvelos hay muchos. Están esas noches de fiestas con amigos cantando y bailando, dejándonos llevar por la alegría y las cervezas compartidas. También están en las que sólo somos nosotros hablando de uno y mil temas, aquellas donde las risas acostados nos despabilan, las obligadas por el trabajo que fluye mejor a esas horas y otras más, las menos, en las que sus abrazos acompañan la tristeza.
Dice Kali Uchis que un amor como el tuyo está en extinción y sin duda pienso en él. No suelo dedicarle canciones porque más bien, todas las canciones de amor y los desvelos suelen llevarme, en algún punto, a él.
…
Feliz cumpleaños, La Desvelada, feliz cumpleaños, Gerardo.
Que más desvelos a gusto me permita acompañarlos, mis virgos favoritos.
