¿Te ha pasado que, aun cuando sabías que por ahí no, te aferraste ?
Es la voz chiquita de detrás del espejo, la que te dice ya vete antes de que se te acabe la fiesta y si te quedas siempre se acaba y por lo general, acaba mal.
Es la duda entre el deber y el placer, las facturas por pagar del día después. Y no hay protocolos para saber de dónde viene la intuición, es como un músculo que se fortalece a punta de creer en una misma, en las sensaciones del cuerpo cuando aparece una encrucijada.
En el tarot se le relaciona con La Sacerdotisa, que tiene en su cabeza el símbolo de Hécate , deidad griega relacionada con la magia capaz de transitar entre el cielo, la tierra y el agua, o sea lo que viene siendo la conexión de los pensamientos con el cuerpo y las emociones.

Me lo dijo un pajarito
La sacerdotisa es la que mira de frente, sin recato, sus ropajes blancos y azules sin dibujos nos cuentan de su claridad, de la paz con sus emociones que al final valida con el conocimiento que tiene de su ser, por eso nunca se equivoca, se obedece a sí misma.
Y no hay magia que supere a la incomodidad, a ese frío que le nace al corazón al saber que no estás en el lugar correcto, ese momento clarito en el que sabes que te traicionas por paliar las desgracias ajenas, un poco como El Colgado que más sutil nos cuenta de que la intuición no es solo para las hadas, brujas y curanderas, es saber reconocer tu historia para no repetir sus errores. Es saber escuchar al cuerpo y a todas las señales de alrededor, de confiar tanto en una misma que no hay intuición que falle.
Es esa pluma rara en la calle y esa canción rara del pasado en el microbús, el retraso inesperado y la conversación robada, se trata entonces de quitarse los audífonos y salir un poco de uno mismo. Y como la reina de bastos, también relacionada con la intuición, mirar sin emoción lo que ocurre a su alrededor sin mostrar lo que tiene detrás de su trono, ojos bien abiertos y fuentes verificadas, es ese sí que nace de las entrañas, ese no que no nos enseñaron a decir.

En ese no que tampoco nos sabemos decir y todas las promesas que no nos cumplimos, la delgada línea entre la magia y el autoengaño y el dulce abismo de los eternos “si yo hubiera”, pero no siempre hay un mañana y la intuición sabe que ese será el último beso, que aquella será la última tarde entre las amigas de ese trabajo, que siempre hay un final y la intuición es la que siempre lo vaticina pero el corazón se empeña en no siempre mirar lo que duele.
“Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta”.
C Jung
Está en las tripas y en ese olor a podrido que nadie huele pero tú sí, la intuición nace de elegir al mundo o elegirse a uno a uno mismo, también está en El Ermitaño del tarot, que nos cuenta del mundo de los sueños, de traer y llevar información onírica a la vida práctica, y es que ermitaño no sólo sabe bien cuándo parar, también sabe de seguir el rumbo de sus propias estrellas y ahí no hay intuición que mande, porque es sabiduría.
Es la lucha entre el negro y el blanco de la vida, es el limite clarito en pensar solo en uno o incluir a los demás, y tanto El Ermitaño como La Sacerdotisa, cuando salen en una tirada de tarot, refieren madurez y soberanía, y la madurez es no siempre esperar a que lleguen las señales o llegue la canción correcta, es dejar de depender del mundo y soltarse al abismo porque de todas maneras del suelo no pasas, es dejar de de preguntar a las estrellas para volver a uno mismo, a lo que te late fuerte en el corazón, entonces no hay duda y es un sí redondo y no hay magia ni intuición más que la de saber escuchar lo que le sale a uno de las entrañas.
