octubre 26, 2020

Lo que aprendí de mi primer ligue en Bumble

By In Ensayos

Desde el inicio supimos que no era nada parecido al amor a primera vista, era un deslizar a la derecha, hacer match y escribir “hola”: nos conocimos por Bumble. Y lo que sea que fue lo que tuvimos, fue bueno, no perfecto, pero sí suficiente y, sobre todo, muy divertido.

La primera vez que lo vi después de quitarse el cubrebocas, sólo pude pensar algo como “¡demonios, es muy atractivo!” y como estaba en modo “esto es una cita que se dio por una app”, se lo dije horas después. “When I saw you, I was shocked”, o algo por el estilo. Él quiso regresar el cumplido. 

Esto iba a ser un texto sobre cómo me emocionaba por milésima vez con un vato que básicamente solo quería unos besos, una salida, pasar una noche o, por qué no, tenerme ahí como opción, pero no la primera. Pero “para qué sufrir si no hace falta”. Dejando de lado el nervio que te puede causar el empezar una conversación y ver qué espera la otra persona, las apps de ligue pueden ser muy divertidas. 

Bumble

También se iba a tratar de cómo corro a buscar “el apapacho” después de terminar una relación, porque lo hago un poco a lo loco. Ya saben, el cliché de “estar soltera está de moda” o “quiere salir, fumar, beber, subir un video pa’ que lo vea él”. Culpable. La vez más memorable fue en 2018, en el cumpleaños de mi mejor amigo, perreé como nunca en la vida e hice el ridículo a mitad de la pista con un desconocido. No recuerdo su nombre, creo que tal vez ni su cara. Ninguno hizo por buscar al otro, de eso se trataba. 

Ese tipo de comportamiento en una emergencia sanitaria no iba a suceder, así que hice lo que muchos: corrí a una app. En una etapa más temprana del encierro, Whitney Wolfe Herd, creadora de Bumble, dio a conocer que debido a las medidas de distanciamiento social, habían tenido crecimiento en usuarios, pero también en la actividad de los que ya existían. Entre los primeros estaba yo.

Llegué a Bumble en plena pandemia, después de la ruptura de una laaarga relación con cosas “tóxicas” (como dicen ahora) por parte de ambos. Y sí, mi estatus era justo cómo lo establece ahí: ¿qué buscas? No lo sé aún. 

Pero sí fui precavida, no puse un “nada serio” porque “para eso hubiera entrado en Tinder”. Digo, hasta para dar unos besos debes coincidir un poco en algo, ¿no?. Y si iba a ser un ligue para tontear en tiempos de pandemia, no iba a poner que buscaba acostarme y ya. 

¿Mi perfil? Dos fotos de mi carita, alguna señal de que soy foránea y sí, dejar claro que soy medio ñoña. 

¿Los perfiles de ellos? ¿Recuerdan cuando les dije que esto era divertido? Ahí quedó más que claro que me gustan los vatos medio desarreglados, con barba y con aires de bohemios, pero no demasiado mamones, ni que se crean “unikos y diferentez”. Entonces era más fácil eliminar así: los tipos que escriben en inglés como esperando ligar a morras extranjeras, bueno, cada quién hace su lucha; todo aquel con más de una foto en su vacación; los vatos que se muestran mamadísimos sin playera, los que se arreglan más que yo y por último, pero no menos importante, todo aquel que escribe “una buena plática y un buen vino”. De ahí que agregara a mi perfil: más de una chela que de un buen vino. 

No voy a mentir, a veces sí frustra dar a la derecha y no tener match, como frustra dar a la izquierda porque no creíste que existiera algún interés y te sale la “oportunidad” desperdiciada, y desespera más aún que muchos de esos sean tipos que se te hicieron completamente irrelevantes. 

Regresemos a Mr. E.

Cuando vi su perfil no me llamó demasiado la atención, era guapo, sí, muy, pero no tenía ninguna descripción además de su educación, su puesto laboral y los idiomas que hablaba, una nada de español. Di a la derecha sin esperar demasiado. Ya había tenido algunas conversaciones con chicos que en el perfil se leían justo como mi tipo y no pasábamos de un cruce de tres o cuatro frases. 

Ok, está bien. Sólo fueron como cuatro conversaciones, tal vez un poco más, porque soy algo “selectiva”; algunos nuuunca me respondieron el saludo o la pregunta “original” que envié para iniciar la conversación (porque en Bumble la mujer toma la iniciativa). 

Otros me dejaron de hablar, también yo apliqué el asqueroso ghosting. Con una persona abandoné la conversación porque se aferró a que en Ciudad de México no tenían acento y que las quesadillas eran sin queso por su significado en no sé qué… Y lo decía muy seriamente, con enojo. Bien, unmatch

Mr. E. tenía una foto donde salía su rostro de perfil y una más de cuerpo completo donde posaba exageradamente y sonreía como si quisiera contar un chiste. Bastante relajado, no veía oportunidad alguna.  

¡Match!

-¿English or Spanish? 

Respondió que inglés a menos que quisiéramos quedar en el “hola, ¿cómo estás?” 

En mi inglés atropellado comenzamos a hablar de la vida en cuarentena, del fin de semana sin planes, de cómo las personas usaban la app porque tal vez esperaban encontrar el amor, buscar sexo o al fin entender el sexting. ¡Ding, ding! En esas fallas de traducción, o bueno, mi rara forma de escribirlo, él creyó que yo buscaría llegar al sexting tarde o temprano, quizá por eso me pidió mi número de Whatsapp inmediatamente, allá continuamos la plática y bueno, meses de cuarentena… quedamos de vernos al día siguiente. 

Después de halagarnos mutuamente por nuestro aspecto, las cosas fueron igual de sencillas. 

Esa actitud relajada, sin mayor compromiso que ver a alguien después de tanto tiempo, hizo que coincidiéramos al momento, en la forma de tomarnos la mano, de abrazarnos, todo el contacto físico que vino después, poniendo mi cabeza sobre su pecho como si nos conociéramos de hace mucho. 

Ahí recordé lo que era tener “química” en todos los aspectos durante una primera cita. Al hablar, al besarnos, al hacer chistes tontos en otro idioma, al comer alitas como si fuéramos viejos conocidos que hablan del trabajo o recuerdan alguna cosa de la infancia. 

¿Se han acoplado tan bien con alguien aunque saben que tal vez no le vuelvan a ver de nuevo, que no esperan siquiera que te escriba al día siguiente porque no es el pacto de las app de citas? O al menos no para mí…. 

Pero el mensaje llegó. 

Por la mañana, sólo me preguntaba cómo me pude haber llevado tan bien con alguien que acababa de conocer, en unas horas, sin esperar demasiado, dejándose llevar. Yo que no me sé dejar llevar tan fácil.

¿Qué sigue después de una “cita” con alguien que conociste en una app? ¿Lo dejas pasar? 

Dudé, como duda el personaje de Gigi en “A él no le gustas tanto”, ¿hablar o no hablar? ¿Llamaría él? La roomie me dijo que eran tiempos de tomar la iniciativa. En eso estaba cuando llegó su texto diciendo que había sido una linda noche y un gracias por ir de tan lejos a verlo. Esa última parte no me gustó. Después de eso, nada durante varios días, una semana, ¿o fueron dos?

A mí los silencios me matan, y que el tipo no se comunicara ese tiempo me hizo pensar que definitivamente yo no le gustaba tanto, más allá de lo físico. Lo que estaba bien, porque después de vernos esa primera vez me preguntaba constantemente si pasaba eso de nuevo. Que con un encuentro yo ya quería que naciera algo nuevo, “algo bonito”, que no fuera solo una cita más. Pero él no llamó. 

Tampoco era que yo estuviera en la mejor disposición. Ese mismo fin de semana hice cierres para dejar atrás al hombre que había querido (¿amado?) desde mis 20 años. Sí, uno de los mil cierres que he tenido.

El lunes llegó su mensaje. Una disculpa de compromiso por no hablar tanto por Whatsapp, algo de plática y de nuevo la pregunta ¿podemos vernos? Yo no podía. Él decidió que podía esperar unas semanas y en mi renació el “me está gustando demasiado este tipo”. ¿Por?

Bumble 2

  ***

¿Qué piensas cuando descargas una app? ¿Qué buscas? 

En primera persona me da pena admitir que la bajé porque tenía la percepción de que era solo para quienes buscan sexo. Y oh, otra decepción hacia las mujeres, a veces también me da pena admitir que quiero eso, pero también me ruborizaría al decir que no, que creo que puedo encontrar el amor. 

Entonces lo dejaré en que es lo que es: una app de “ligue”, de lo que se dé. De probar una y otra vez si hay compatibilidad o no, de guiarte mucho por la estética y hacerlo un poco vacío, deslizo izquierda, deslizo derecha. 

Tengo amigos que han triunfado en Tinder, en cuanto a encuentros sexuales se refiere, o citas, pero Bumble no les ha funcionado tanto. 

Otro llegó a ser novio de un chico que conoció por Tinder, porque él sí buscaba una relación en esa app (cosa que me sorprendió bastante cuando le pregunté). Por lo mal que terminó el noviazgo, no quiere volver a saber nada de la aplicación. Así que ahora en cuarentena se ha enfocado en Grindr, la app para la comunidad LGBT+. Pero solo busca encuentros casuales. 

Algunas conocidas las instalan y las borran según su ánimo. Durante el confinamiento una amiga la descargó y la eliminó porque era muy aburrido solo hablar y no poder salir en una cita. 

¿Bumble o Tinder? Otro amigo, que ha usado ambas, prefiere la dinámica de Bumble, donde las mujeres hablan primero, porque piensa que te permite romper el hielo. 

¿Salidas de una vez, buscar una relación o lo que se vaya dando? 

Dependerá de cada uno. Este segundo amigo, por ejemplo, prefiere salidas de una vez con mentalidad de lo que se vaya dando. En lo que coincido, porque no estoy muy segura de poder o querer encontrar algo tan serio ahí. Aunque no lo sabemos. 

***

Desde que pactamos la segunda cita, hasta el día que nos vimos, solo podía ponerme un poco más nerviosa. ¡Tan fácil que había sido la primera vez! Además, Mr. E. es tan atento que llega a crear confusión. No era como los fuckboy que uno acostumbra conocer o ver en las películas o renegar por Twitter. No lo era en persona, sus mensajes sí tenían todos los patrones. ¿Entonces por qué ponerte tan nerviosa por un fuckboy? La decepción, la traición a las hermanas. No, por eso tomarlo con ligereza. Porque aquella vez todo había sido fácil, ligero justo por no pensar en eso, en toda la presión de esperar algo de él o que esperara algo de mí. 

A este segundo encuentro llegué hecha una temblorina y con el inglés más atropellado que nunca. Con la seriedad que me caracteriza cuando algo me interesa o me gana el estrés de pensar si me voy a equivocar en algo y sí, un detalle salió mal y no pude relajarme de ahí en más. Cuando nos despedimos estaba segura de que esta vez no se volvería a comunicar 

El intento del clavo

“Un clavo saca otro clavo”. 

Frase tan cliché, tan difícil de creer, pero al mismo tiempo tan llevada a la práctica. Sí, yo entro en esa estadística de la que lo ha aplicado, más de una vez. Entonces, después de que no llegó otra llamada me di cuenta de que, efectivamente, ocurría de nuevo: irme con todo al relacionarme sexoafectivamente con alguien con quien no tenía una afinidad seria. No estaba bien, debía dejarlo pasar, ver lo que había sido un encuentro fortuito, mucha suerte de tener química y coincidir, algo que ya no me quitaría el sueño. 

Comencé a dar izquierda y derecha de nuevo, pero unos días me sentí obsesiva, como si fuera una droga. Lo checaba cada hora, muchos a la izquierda, casi nada a la derecha. Ya era como alimentar el ego, llegó a serlo tan así que probé el Bumble Boost para ver a quién le había gustado. Fue demasiado. Así que ahí decidí eliminar la app. No tenía caso repetir el mismo patrón. 

Además, para entonces me había topado como a tres compañeros de trabajo y un conocido de mi ciudad natal ahí. No fue lo más cómodo. 

Entre esa indecisión y el darme cuenta de todo mi proceso emocional, lo busqué una vez más. No estaba disponible. Mi ego herido me dijo que era solo un pretexto. Un mes después él me escribió, estuvimos juntos de nuevo y todo se sintió con ligereza. Sin la presión, todo fluyó más fácilmente. Y aunque en unos puntos parecía que podría surgir algo de ahí, todo quedó en una despedida en Reforma, dejando el entendido que alguno llamaría cuando tuviera ganas de ver al otro. 

Hace poco le escribí. Tardó más de 24 horas en contestar mi mensaje, que sí había llegado. En tiempo de mi generación, eso es una eternidad, supongo que nos buscaremos en un mes… o tal vez nunca. 

El impulso de nuevo: descargué la app por segunda vez. Algunos match, pero sólo una conversación fluyó. Ahora tuve el descaro de poner en mi perfil que no quería algo de una noche, luego lo quité porque no tiene sentido especificar tanto. 

No puedo decirles si lo recomiendo o no. Hay momentos de ansiedad y otros de risas. Creo que valdría la pena experimentar, pero muy conscientes de qué se busca, ¿se busca algo? Lo que puedo hacer es dejar este contenido patrocinado por la app con Malvestida, para que se relajen.

No sé cuánto dure la conversación que he comenzado ahora. Que una vez iniciada, he parado un poco el swipe left, swipe right. Es verdad, no sé qué busco, o si estoy lista para andar de cita en cita en medio de una pandemia, o si volveré a salir con Mr.E., pero la experiencia con él me enseñó que todo puede fluir mejor cuando te diviertes, cuando no esperas demasiado y disfrutas de lo que pasa esa tarde, sin aferrarte a encontrar “al indicado”. Eso está bien, por ahora.  

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