febrero 13, 2026

Los espectadores

By In Especiales, San Valentín

Por Otilia Carvajal

Un “hola” rompió la frágil calma que construí a mi alrededor durante casi un año. Quizá fue la rabia, quizá fue el alcohol en la sangre, pero esa noche de diciembre decidí que todo había terminado. 

“Todos vuelven”, solemos bromear entre amigas cuando hablamos de los exes. Unas veces quieres que eso no pase nunca, aunque una pequeña parte de ti piensa que todo puede ser diferente

Y fue otra vez en diciembre, un año después de esa noche, cuando él irrumpió en mis notificaciones del celular. No lo invoqué, pero allí estaba. 

Muchas cosas habían cambiado, creo que nunca habíamos pasado tanto tiempo sin hablar. 

Tal vez te interese leer: No diré su nombre, sexta edición, pequeños perfiles de historias de amor

Foto de Whicdhemein One: https://www.pexels.com/es-es/foto/persona-mujer-telefono-inteligente-efecto-desenfocado-7526527/

Y ya no quería escribir de él, pero también pienso que no es su historia, es la mía. De los hubiera, de las idealizaciones marchitas y malditas, pero también de sanar. 

Qué fácil parece enviar un mensaje como borrón y cuenta nueva. Sin disculparse, como si nada hubiera pasado. Parece sencillo no sentir culpa, o esconderla hasta volverla invisible.

Qué irónico es extrañar a alguien de quién te has despedido tantas veces, porque nunca se va por completo. Porque ese adiós nunca es definitivo.

Para mí fue más importante lo que pasó durante ese año de ausencia que el mensaje en sí

Las primeras semanas la rutina consistía en abrir su chat, tener la tentación de escribirle, borrar ese mensaje una y otra vez hasta cerrarlo. Stalkear sus redes, como si tratara de ver a través de una ventana en cuya casa no era bienvenida.

No quería ocultar mi tristeza y mi rabia, porque creo que es necesario externarlo. Me reunía con mis amigas para desahogarme y escuchaba a todo volumen The Tortured Poets Department. Hasta que sentí que saqué todo de mi sistema. 

Después quise centrar esa energía en mí. Comencé a usar la bicicleta como medio de transporte a pesar del miedo que me daba en esta caótica ciudad; me uní a clubes de lectura donde conocí a grandes autoras que me han llenado el corazón; jugué con los colores en mis maquillajes. Y así, sin darme cuenta, su presencia se volvió más un recuerdo lejano.

Meses después caí en una aplicación de citas luego de muchos años de no usarla. Quería romper mi caparazón de cáncer que no me permitía, y tenía miedo de, sentir algo. De ir a una cita, de una caricia, de un beso. O sentir cringe de los demás y de mí misma. 

Al inicio sólo fue curiosidad, pasar el tiempo haciendo match con vatos que en muchas ocasiones nunca devolvían el mensaje. 

Tuve varias citas. Divertidas, efímeras, intensas, impulsivas y algunas que preferiría no recordar. Pero todo fue genuino porque me permití sentirlo. La emoción de conocer a alguien sin importar si iba a durar un día, seis meses o diez años. 

Foto de cottonbro studio: https://www.pexels.com/es-es/foto/cortina-de-ventana-blanca-y-azul-5044213/

Cuando recibí ese mensaje un año después, me sentí como esta canción porque mientras yo trataba de reinventarme, él seguía allí. 

I changed into goddesses, villains and fools

Changed plans and lovers and outfits and rules

All to outrun my desertion of you

And you just watched it

– Chloe or Sam or Sophia or Marcus, Taylor Swift

En parte él siempre fue un como espectador desde una posición cómoda, esperando el momento a que regrese para salir huyendo a la menor oportunidad. 

No sé si seguirá viendo pasar mi vida mientras sostiene a parejas desechables para él. 

Al menos yo decido dejar de ser espectadora de la suya.

As she was leaving

It felt like freedom

-The Bolter, Taylor Swift

Leave a Comment