febrero 13, 2026

El poema más corto que conozco es tu nombre

By In Especiales, San Valentín

Por Fernanda Granados.

No recuerdo tu nombre. No sé si lo tuviste. ¿Alguna vez me lo dijiste? “Amor”, “mi vida”, “corazón” y “cielo” fuiste. Pero, ¿un nombre? Nunca lo tuviste.

Si ahora te busco, ¿cómo se supone que te llame?

Quiero mencionarte y me duele no pronunciarte “mío”. “Mi” nada. Cuando sabemos bien que eras mi absolutamente todo.

Nunca usaste tu nombre para presentarte. Te vi a los ojos, me hiciste reír y sin pensarlo ni temerlo, había confesado amarte. Hablábamos de estrellas, de miedo, de errores. De lo simple. De cualquier despiste. Hablábamos como lo que fuimos, un par de humanos que, casi por instinto, se amaron.

Tal vez te interese leer: No diré su nombre

¿Cómo te llamo? Encerrarte en cuatro letras. En un nombre que podría usar cualquiera. No lo hice antes y no lo haré ahora. Eres demasiado como para reducirte a eso.

Eres para mí todas las canciones que ya no escucho. Las estrellas que no alcanzamos a contar. Eres cada maldita calle de esta ciudad, que aún tan pequeña, no alcanzamos a caminar. Las noches en vela que compartimos. Eres el único abrazo que siempre hubiera recibido.

Foto de Min An: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-de-primer-plano-de-diario-en-blanco-y-negro-771322/

Eres el silencio en todos sus sentidos. Eres esperanza. Promesas. El valor de las palabras. Confianza, que con nadie que no seas tú, he conseguido. Cuadernos enteramente llenos. Cada gato que se cruza en mi camino. El café sin azúcar. Las películas largas que, de no haber visto contigo, me hubieran aburrido. Todas tus historias de niño.

Cada centímetro de mi piel que amaste con besos. Los lunares de tu cuerpo que aún recuerdo. Tus rizos desordenados. Tus ojos que, con amor y tiempo, aprendieron a diferenciar entre mis pecas, las cicatrices. Los sentimientos que se ahogaron entre tus labios y los míos.

Eres la razón por la que aún escribo. También, por la que casi me rindo. Eres todos los “te amo” que suplieron un “perdón”. Eres el nudo inamovible en mi garganta, cuando alguien es más valiente que yo, y te pronuncia por ese nombre que yo finjo olvidar. 

Si te encuentro por la calle ¿como te he de llamar? Llamarte por tu nombre sería aceptar que eres solo una persona más. Que pasaste de “serendipia” a una simple casualidad. Que has dejado de ser mi vida, mi cielo. Y no es cierto.

Si te encuentro por la calle correría a recitarte todos los poemas que te he escrito. A decirte que aquí sigo. Que te recuerdo. Te llamaría “loco”, “obstinado”, “bobo”. Mío. Se que buscarías entonces de entre la gente, mi rostro. Sé que escucharías. Sé que lo entenderías.

Si gritara tu nombre no voltearías para buscar al “amor de tu vida”. Por eso finjo que lo olvido. A todas sus variaciones y su diminutivo. Finjo que te olvido. Nadie me cree. ¿Qué te digo?

Por ahora y hasta que vuelvas, te nombraré como todo lo ajeno, como cada elemento del mundo que volvimos nuestro.

Cuando te vea, te recitaré un poema. Te confesaré el más corto que conozco. Que mi memoria inevitablemente asocia a tu rostro. Son cuatro letras. Es un nombre. El tuyo. 

Foto de Ylanite Koppens: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-de-azulejos-de-letras-de-scrabble-que-forman-la-palabra-amor-1209609/

Leave a Comment