abril 28, 2026

Reggaetón y perreo lencho: las mujeres que están creando la escena de este género urbano en México

Sonido Violeta, Shimi La Malyka, Sarmientos y La Shorty son algunas artistas que conforman la escena del reggaetón lencho en el Valle de México

By In Reportaje

Por Paola Camarena y Luz Rangel

(Este reportaje se lee con esta playlist de fondo)

La tarima se ilumina con luces láser en tono azul y neón de color rojo. De la tornamesa, sale Sonido Violeta, cantante de reggaetón lencho de 27 años de edad que desfila con sus bermudas por la pasarela y arrastra el micrófono hasta perrear en un tubo. Es la fiesta que ella misma organizó en Ciudad de México por el lanzamiento de su EP Música para hacer el amor, el 21 de noviembre de 2025. 

Al ritmo de los beats que salen de las bocinas, Sonido Violeta pregunta: “¿Dónde están las desviadas?”, a lo que las mujeres del público gritan, le chiflan y contestan “¡Ya sácatela!”, “¡Te quiero hacer el amor!”. La joven toma uno de los tantos celulares con los que sus fans están grabando para mandar un beso a la cámara y hacer, de cerca, movimientos de cadera. 

Antes, el show en vivo estuvo a cargo de otra cantante de perreo lencho de 21 años de edad: Shimi La Malyka. “¡Vamos a hacer este coro!”, indica a las asistentes que no dejan de chiflarle por su top anaranjado a juego con la mascada que cubre su cabeza rapada. “¡Anda e-xó!”, pronuncia por el micrófono y brinca; “ti-ca”, corean quienes ya se saben su canción.

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Sonido Violeta y Shimi La Malyka | Fotografías: Paola Camarena

En otro evento, las cantantes reggaetoneras Sarmientos y La Shorty también comparten el escenario tras la quinta edición de la Marcha Lencha en la Ciudad de México, convocada por agrupaciones sáficas para celebrar a las lenchitudes, es decir, mujeres cis, trans e identidades no binarias, lesbianas, bisexuales o pansexuales que se relacionan romántica o sexualmente con otros cuerpos feminizados. Es el 21 de junio de 2025 en el Monumento a la Revolución y las manifestantes no sólo luchan por visibilidad, inclusión, existencia y resistencia… piden reggaetón, como diría Don Omar en “Salió el sol”.  
“Tu dúo lencho fav” viste de pantalón negro y entona “Juan el mecánico”, una colaboración sobre “cuando te enamoras de una heterosexual”. “¿Qué pedo, ahora sí ya son novias?”, cuestiona Sarmientos, quitándose la gorra. “No, wey, me sigue guardando como Juan el mecánico”, responde La Shorty y se cubre la cabeza a medio rapar con el gorro de su sudadera. 

Sonido Violeta, Shimi La Malyka, Sarmientos y La Shorty son algunas artistas independientes que conforman la escena del reggaetón lésbico que comienza a gestarse en el Valle de México. Sus proyectos musicales experimentan desde la producción, la composición y la interpretación hasta la creación de espacios seguros para el perreo y hacer comunidad en la periferia de la ciudad. 

Ninguna tiene más de 30 años de edad, pero ya llevan un lustro haciendo música de forma autodidacta y juntas quieren lograr más. “La escena está ahí, pero hay que unirla. Siento que estamos todavía así como regadas por ahí, yo creo que si nos unieramos estaría muy padre”, comenta en entrevista Itzel Sarmientos, “una bellaquita que le canta a otras bellaquitas”, de 27 años. 

Son parte del “neoperreo, ese reggaetón hecho por mujeres para otras mujeres fuera del perreo convencional dominado por hombres”, según define Vamos pal perreo: historias, arguendes, poemas y dibujos sobre reguetón, editado por Patricia Salinas y Juan Pablo Ruiz Núñez. 

“Me gustan las morras y les voy a cantar”

En las canciones de Sonido Violeta, Shimi La Malyka, Sarmientos y La Shorty las letras explícitas buscan la liberación sexual. Sus rolas abarcan no solamente el consentimiento de las partes, sino el reconocimiento del deseo, el goce y el disfrute de las mujeres y lenchitudes.

“Las morras también pueden decir cómo quieren que les hagan y deshagan, y  qué quieren y qué no quieren, por eso el reggaetón es muy poderoso en ese aspecto. A mí me gustan las morras y le voy a cantar a las morras lo que soy. Eso es lo que lo que muestro y lo muestro orgullosa para conectar con gente que me entiende, simplemente porque soy yo misma”, reivindica Sarmientos. “Lo que expreso es lo que me gusta, es quién yo soy”, se reconoce en su música Shimikol Rodríguez. 

Itzel Sarmientos, en Vallejo, al norte de la Ciudad de México /Fotografía: Paola Camarena

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021, la más reciente, existen alrededor de 2.7 millones de mujeres en México que reconocen sentir atracción por personas de su mismo sexo o de otras identidades sexogenéricas. Ellas son el público de Sonido Violeta, Shimi La Malyka, Sarmientos y La Shorty.

Con letras como “Del uno al diez, mami, me gustas un millón, quiero perrearte hasta romper el pantalón” en “Talento”, de Sonido Violeta; o “Te toco, me tocas, baño de sudor, te mojo, me mojas”, en “Rebota Bota” de Sarmientos, el “bellaqueo lésbico” desmitifica la sexualidad heteronormativa ideada para provocar placer solamente de los hombres. 
“Es muy satisfactorio saber que como mujeres nos estamos ganando el espacio que nos merecemos, que podemos hacer lo mismo que los hombres y, por lo tanto, podemos cantar reggaetón”, asegura la cantante, compositora y productora argentina Cazzu en su libro Perreo, una revolución

Espacios seguros para el reggaetón lésbico

En cualquier lugar ya suena al menos una canción de reggaetón: forma parte del paisaje sonoro de las calles del barrio al mismo tiempo que el género se viste de gala para una premiación internacional. Fue tal su impacto en Latinoamérica que en 2004, el Grammy Latino al mejor álbum urbano fue, por primera vez, desde su primera entrega en el año 2000, para un reggaetonero: el puertorriqueño Vico C. 

El género cruzó fronteras para escucharse y bailarse en todo el mundo, incluso lo cantan quienes se rehúsan a aprender español o lo consideraban un gusto culposo. Eso ocasionó que disminuyeran las críticas en su contra pese a su alto contenido sexual que habla de sexo con palabras de sexo.

Aunque el reggaetón lésbico se abre paso en medio de la homofobia y el conservadurismo, no había mujeres cantándole a otras mujeres, mucho menos en el mainstream. En la escena internacional destacan la cantante puertorriqueña abiertamente lesbiana Young Miko, quien interpreta “En esta boca te volvías tan loca, tu mirada de fuego me quitaba la ropa”; o la cantante dominicana Tokischa, quien es bisexual y a dueto entona en “Linda”: “Llegué tarde a la cita, estaba con la Rosalía, las amigas que se besan son la mejor compañía”. 

Actualmente destaca Villano Antillano, artista trans dentro del género urbano que luego de distintos hits consagró su éxito en una sesión de freestyle con el argentino Bizarrap, en la cual rima “Que si vengo pesaíta’, que si ya tengo tetitas, si me tiré con tu gato, mala mía”.

La escena independiente del reggaetón lésbico en el Valle de México conformada por Sonido Violeta, Shimi La Malyka, Sarmientos y La Shorty busca construir espacios seguros para ellas mismas y sus seguidoras. Hasta ahora lo han conseguido en fiestas que organizan donde las mujeres de la diversidad sexogenérica que asisten no se visten para la mirada masculina y no son acosadas por los hombres cishetero, porque no tienen acceso.

Son espacios para su propia libertad, que respetan su expresión de género, los pronombres con los cuales se identifican, para escuchar nuevas propuestas musicales y perrear durísimo doblando las rodillas hasta abajo mientras las nalgas tocan el piso y el círculo que las rodea aplaude. Son ellas quienes deciden si todo se queda en la pista o llega a algo más.

El reggaetón es desde siempre bailable pero no hay pasos definidos, sino que se van improvisando sobre la marcha. A diferencia de otros géneros musicales, no sólo se baila en pareja, puede ser a solas o en grupo.

“Es bastante suelto, es de los bailes caribeños que más margen de maniobra ofrecen a las mujeres. Yo puedo decidir si me pego o no, si me doy la vuelta, puedo marcar el ritmo, puedo tirarme al suelo, apoyarme en la barra, irme a bailar sola, regresar… ¿Por qué los citados bailes en los que la mujer tiene cero margen de maniobra no han sido tachados de machistas?”, dice June Fernández en su artículo “Si no puedo perrear, no es mi revolución”.

El lesboreggaetón rompe además con la idea de que hay un solo lugar para las mujeres y de que solamente una puede llegar a ocuparlo. “Tengo fe en que eventualmente podamos estar en una escena que nos atraviesa a todas, juntas, y eso es algo que estoy tratando. Yo sigo jalando morras, sigo jalando lenchas de que ‘vamos a hacer eventos’, ‘vamos a colaborar’, porque de eso se trata y yo voy a seguir luchando hasta que se logre, hasta que tengamos así como un Flow Fest de lesbianas”, afirma Sonido Violeta. 

Este contenido forma parte del especial "Geografías del ritmo: Sonidos que Nos Hacen Región" , realizado y publicado por la 9na generación de la RedLATAM de Distintas Latitudes. 

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