octubre 26, 2026

No inventé nada

By In Ensayos

Por Débora Ramírez

Recuerdo muy bien la primera vez que me describieron como una persona creativa. Cuando iba en quinto grado de primaria participé en un concurso local de dibujo. La temática del concurso fue “la inclusión y la no discriminación”. Desde que escuché el objetivo de la competencia, mi mente formó una idea muy clara de lo que yo quería dibujar: a un grupo de personas con características y capacidades completamente diferentes entre sí al centro de la página, un par de manos grandes que surgían desde la parte inferior de la hoja y que sostenían a este conjunto, muchas manos más pequeñas alrededor de los bordes del papel señalando al grupo de personas y un fondo de muchos colores diferentes. 

Y eso fue lo que hice. Llegó el día de conocer los resultados y, tras analizar a mi competencia y echarle un vistazo al resto de los diseños, concluí que en realidad yo sólo estaba ahí por la experiencia, por lo que, al momento de anunciar al ganador, se imaginarán mi sorpresa (y la de todos) cuando mencionaron mi nombre junto al de mi obra. Me pidieron pasar al frente a recoger mi dibujo y exponer el significado de mi trabajo. Así que expliqué el motivo de los colores en el fondo, la forma en la que las manos que señalaban al grupo de personas distintas entre sí representaban el juicio de la sociedad, y cómo las manos que sostenían a la multitud ilustraban a la comunidad que sostiene y apoya a estas personas. Tras dar sus felicitaciones, el jurado aclaró (muy necesariamente) cuál fue el factor decisivo que le dio el triunfo a mi ilustración: la creatividad.

Tal vez te interese leer: Un cerro muy abstracto

Era cierto que mi trabajo era el menos convencional en aquella sala; no era precisamente un escenario de la vida cotidiana. Esa fue la primera vez que recuerdo haber sido descrita con ese adjetivo: “creativa”. Me gustó la palabra, así que la escribí en la lista mental de características que uno va haciendo de sí mismo a medida que crece. Pero como Isaac Asimov dijo que «el cambio es la única constante en el universo», y como yo ya no estoy en quinto grado de primaria, es bueno revisar esa lista de vez en cuando y, si es necesario, modificarla.

Cortesía

Para mi, ser definida de esta forma desde una edad temprana vino acompañada de las expectativas de crear algo muy original. La necesidad de mantener esa etiqueta se convirtió en una desesperada e interminable búsqueda de algo nuevo para crear, algo que me valiera el título de “creativa”. Lo cual es bastante contradictorio, es decir, si las personas ya esperaban algo muy auténtico de mí ¿qué tan creativo puede ser llenar la expectativa que ya se tiene sobre uno? E irónicamente, mientras más buscaba ser original, más caía en la repetición. Al buscar rechazar todo lo que ya conocía por considerarlo predecible, ignoraba que, es en realidad de lo que ya conozco de donde puedo extraer algo que valga la pena crear.

Tras buscar la definición literal de la palabra “creatividad”, la RAE fue muy poco romántica al respecto:

“Facultad de crear” o “Capacidad de creación”.

Regresando al origen de mi adopción de este adjetivo para mi autodescripción, me di cuenta que yo no había creado a las personas que plasmé en mi dibujo, ni mucho menos inventé las manos o el gesto de señalar. Y aunque tal vez era la primera vez que el jurado veía todos estos elementos juntos, estoy segura que no era la primera vez que veían los colores verde, azul, amarillo y rosa; no me puedo dar el crédito de haberlos creado.

Todos los elementos que dibujé eran cosas que yo ya había visto. Así como todos los refranes que digo los escuché primero de mi mamá y mis ideologías sobre la vida están influenciadas por las de mi papá. Quizá yo nunca haya creado nada nuevo, o quizá nadie lo haya hecho nunca. ¿Qué tan originales son mis pensamientos? ¿Cuántas de mis opiniones son realmente mías? Lo curioso es que tampoco soy la primera persona en hacerse estas preguntas.

Karl Marx, quien vivió bastantes años antes que yo,  al inicio de su libro El 18 de brumario de Luis Bonaparte, dijo: «Hegel comenta en algún lugar que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, por así decirlo, dos veces. Olvidó añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa». Y antes que él, fue el rey Salomón quien escribió en Eclesiastés capítulo 1, versículo 9: «Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol», y dedicó casi el libro completo a hablar sobre esta idea. 

O la frase que han usado todos los profesores de historia que he tenido para explicar la importancia de su materia: «Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo», escrita por George Santayana en su obra The Life of Reason (1905). Si bien esto último es muy cierto, ninguno escarmienta en cabeza ajena, y por más que lo recordemos, muchas veces nos encontramos repitiendo patrones del pasado. Como humanidad, lo vemos a lo largo de los grandes procesos históricos: las invasiones a los países, las grandes crisis financieras, el colapso de las monedas, las pandemias. Como individuo, lo veo cuando me compro esos cinturones enormes que están en tendencia y mi mamá me dice que esa era la moda en los 90.

Cortesía

Entonces, si es tan imposible ser completamente original ¿dónde termina la repetición y dónde comienza la creatividad? Mi respuesta favorita es la atribuida a Togno (1999). Desde esta perspectiva, la creatividad no significa hacer algo desde cero, sino que se enfoca en la capacidad de observar, reconocer relaciones entre elementos que aparentemente no tienen relación entre sí y construir nuevas posibilidades a partir de esto. Es el hecho de que el color verde pueda simbolizar la esperanza, el azul la confianza, el amarillo la libertad y el rosa la empatía, y que, a partir de esos significados, esos cuatro colores puedan convertirse en el fondo de un dibujo que busca representar valores como la igualdad y la no discriminación.

Después de todo, me sigue gustando la palabra “creatividad”. Así que permanecerá en esa lista mental de características que uno va haciendo de sí mismo a medida que crece.

Bibliografía:

Marx, K. (1852). *El dieciocho brumario de Luis Bonaparte*. Marxists Internet Archive. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.htm

Real Academia Española. (s. f.). *Creatividad*. En *Diccionario de la lengua española*. Recuperado el 5 de septiembre de 2026, de https://dle.rae.es/creatividad

Reina-Valera 1960. (1960). *Biblia*. YouVersion. https://www.bible.com/

Santayana, G. (1905). *The life of reason: Reason in common sense*. Charles Scribner’s Sons.

Universidad Nacional Autónoma de México. (2004, 31 de enero). *Definiciones de creatividad*. *Revista Digital Universitaria, 5*(1). https://www.revista.unam.mx/vol.5/num1/art4/defini/46.htm

Leave a Comment