Nunca se sabe cuando se pasa del amor al odio, el día exacto en el que el romance se mira desde la vida cotidiana y “pierde la gracia”; el momento que se ve desde la realidad de conocer todas las luces y sombras de un otro sin perder tu centro, el instante que tienes que decidir en elegir cada día querer o no querer quedarse. Así es la carta de los enamorados en el tarot, que no es un “y vivieron felices por siempre”; no es tan suave ni tan rosita y ofrece retos tan fuertes como reconocerse al desnudo y amar sin poseer. La manera de saber caminar uno al lado del otro sin estorbarse.
Y les miro y les oigo ir y venir con los mismas preguntas de amores, traiciones y dolores, con la inseguridad en la cabeza y en el corazón, seres de todo el mundo me preguntan en consulta si les quieren o no, si hay engaño, traición y drama, siempre preguntando por otro ser pero nunca por sus propias guerras en la cabeza. Y en el tarot la carta de los enamorados no siempre es tan luminosa y llena de violines y pajaritos, no siempre es tan literal porque ni en el amor ni en la vida nada siempre es tan literal. La información de esta carta también nos cuenta de comunicación, no solo con el otro, sino con uno mismo.
La carta nos habla de la primera pareja en el mundo, un Adan y Eva que le apuestan a lo suyo y hasta son capaces de abandonar el paraíso en el que viven solo por amor, en la carta se ven desnudos y libres, con un camino por delante, del mismo tamaño y direccion, solo que tambien se ve que ambos miran en diferentes direcciones, lo que siempre interpreto como un juntos pero no revueltos, sin cada uno perderse de sí mismo para volverse un monstruo de dos cabezas que se acaban comiendo entre sí, porque el amor cuando es posesión se convierte en diablo.

La carta de los enamorados nos obliga justo a lo contrario, a dejar de romantizar para empezar verdaderamente a amar y ese diálogo, nos dice la carta, empieza con uno mismo, con ponerse de acuerdo con todas las voces que viven en la cabeza de uno para luego ir a cantar una canción con las voces de la cabeza del otro, en tener la claridad de saber lo que uno quiere y puede ofrecer, con honestidad y equilibrio, sin cadenas de dependencia.

Es ahí cuando viene la chamba, porque en el tarot, de acuerdo con enfoques de Jung y Jodorowsky, cada arcano representa una progresión del ser humano y de la carta de los enamorados a la del diablo hay solo seis cartas.
Porque amar y querer no es igual
Entre los arcanos de Los Enamorados y El Diablo siguen las cartas que hablan del movimiento, de cuando dos seres deciden que van al mismo lado, de la fuerza de elegirse cada día, pero también en esos espacios ermitaños necesarios para encontrar claridad sin deslumbrar o ensombrecer el camino del otro.
Le sigue la carta de la rueda de la vida que nos cuenta de no perder el foco, de saber que es en las buenas en las malas y en las pintas, de saber cuándo ser piloto y cuándo copiloto, pero también cuándo bajarse del carro, en saber el momento perfecto de encontrar el equilibrio de la justicia que sostiene en sus manos la verdad y el buen balance entre lo que se siente y lo que se dice.
Luego llega la templanza de tener los sentimientos tan tranquilos que no embarren a los demás en la dependencia del colgado, del si yo hubiera, del eterno reclamo de lo que se deja de hacer por amor sin que el otro te lo pida. En los límites no dichos de la muerte que finalmente acaban en el diablo, donde los mismos Adán y Eva representados en la carta de los Enamorados están presos del diablo de las posesiones, del sin ti no avanzo, de las cadenas de las que cuelgan todas esas palabras no dichas, de la urgencia de saltar al vacío de la torre para volver a construir juntos o separados.
La carta de los enamorados no es ese cuento de hadas que nos contaron; a muchas nos costó años de terapia entender que no habría príncipe azul que nos salvara hasta de nosotras mismas, que la historia no termina con un FIN. Sino que nos dice que cada día en pareja siempre es un nuevo comienzo y de los enamorados se puede llegar bien rápido al diablo del desamor. Que el amor es esa primera apuesta por un otro, una moneda al aire en la que no se sabe si se va a ganar o perder, pero al final, y desde tiempos inmemoriales, la gente le sigue apostando.
