febrero 13, 2026

Lo que nos faltó decir

By In Especiales, San Valentín

Por: Mons Ch.

Quizá andábamos en busca de algo. De alguien. De nosotros. Buscando sin siquiera intentarlo, a tientas sobre caminos vacíos. Me gustaba pensar que nuestro encuentro no había sido casualidad. Coincidíamos porqué el entorno así lo exigía. Encontrándonos en los pasillos, en el jardín, entre el cúmulo de personas. Cada tanto nuestros cuerpos se acercaban para charlar. Reíamos y parloteábamos sin importarnos lo que nos rodeaba. 

Lo quería. Lo quise desde que mis ojos lo encontraron. Él también me quiso. Fue un amor sin definiciones, con espacios blancos, vacíos. Un amor que se ocultó en el desdén porque nos sabíamos incorrectos en el momento, fuimos negligentes con un sentimiento que sólo florecía con el tiempo, lo dejamos correr libre sabiendo que era insostenible.

Él lo dijo primero. Después de muchos años de conocernos, él lo dijo por fin. Quise recibir su amor pero con suavidad. Hablar, confesarnos, no dejar espacio para la incertidumbre, pero no ocurrió. Otra vez silencios. Él continuó su vida y yo la mía, cada uno por su lado, en sus asuntos laborales, personales. Luego un día lo vi con alguien. Alguien había llenado su corazón y me asaltaron las dudas. 

¿Cómo pasó? ¿En qué punto de su historia yo me crucé? o ¿su historia se cruzó conmigo? No importaba porqué nosotros nunca fuimos ni seríamos. No volvimos a hablar. Mucho menos a vernos. Me fui. Me fui de manera emocional y física.

Un par de años después él regresó. Tan pronto como había terminado lo de ellos, él volvió. Yo no lo acepté de regreso. No sólo porqué alguien más había entrado a mi vida, sino porqué el disgusto de su despreocupación se apoderó de mí. ¿Por qué me buscaba? Yo no era más que un comodín. Él no me quería, quería sentirse acompañado.

Luego vino algo mucho peor. Descubrí que a quién yo había dejado entrar en mi vida era un ladrón. Me encerré en mi dolor angustiante. Mes tras mes me llené de preguntas que no lograba responder. Me culpé, me herí, me hice chiquita para lograr pasar desapercibida entre las personas que transitaban las calles. Pero transitar las calles en silencio me sanó. Dejé que los días transcurrieran como el río en temporada de lluvias. Después, todo volvió a estar bien.

Foto de cottonbro studio: https://www.pexels.com/es-es/foto/manos-de-personas-tocandose-10667757/

Él y yo nos reencontramos, algo había cambiado y lo sabíamos, pero escondernos tras las falsas promesas fue nuestro único recurso. Aunque pronto lo bueno se disolvió.

Yo lo quería, era calor ardiente que iniciaba en mi corazón y se extendía sobre el cuerpo entero. Yo lo quería, de una manera silenciosa pero real. Yo lo quería, pero él ya no. Creí que su amor se había terminado pero eran suposiciones mías hechas durante noches de inconsciencia, diría que más bien de rencor. No hacia él, a mí. A mí por tardar más de lo que se puede tolerar. 

Me fui. Hui por qué no podía con el peso de mi consciencia. Porqué mi cobardía se anunciaba con descaro. Me fui antes de recibir una respuesta a mi confesión. Esa vez fui yo la que se asomó entre una amistad ilegítima. Lo borré. De mis días, de mi memoria, de mis recuerdos, de mi vida. Todo volvió a quedar en silencio. Y me dije que así era mejor. Mejor en silencio que voces dentro como olas chocando contra las rocas. Después lloré. Volví a llorar. Llorar siempre en silencio.

Leave a Comment