Una cara familiar me sonríe y me siento contenta así no esté muy segura del lugar en el que estoy. Me doy cuenta de que es la cara de un ex novio con el que tuve una relación tormentosa, de la cual tengo más recuerdos exasperantes y dolorosos que felices. La parte de mí que sabe eso se inquieta pero la escena continúa, de modos variados. A veces, en mis sueños con ese ex, tratamos de ser amigos y mencionamos lo que sucedió entre nosotros, todo en una dinámica muy “seamos maduros y pasemos la página”. En otros, estamos de nuevo en una relación, nos damos besos y nos tomamos de la mano; y mi subconsciente entra en pánico preguntándose: ¿por qué estoy con esta persona acá si yo estoy casada?, hasta que caigo en cuenta que estoy soñando o hasta que despierto.
Cuando me levanto, me siento culpable al ver a mi esposo a mi lado y me frustra el no entender por qué hay una parte de mi cerebro que recuerda y sueña con otras personas mientras duermo. Sólo me sucede con él y con otro ex con el que no me porté bien y al que nunca le correspondí del todo sus sentimientos. Siento esa misma frustración y confusión cuando experimento algo en mi pecho, muy cercano a los celos, al ver fotos familiares de otro ex en las que posa con su nueva novia.
Estas apariciones en mi realidad de esas tres personas de mi pasado me cuestionan: ¿son indicadores de alguna debilidad por los sentimientos que tengo hacia mi esposo? ¿Son sentimientos que aún guardo por esos hombres? Y a un nivel más del ego: ¿será que ellos también piensan en mí o did I lose the breakup so hard que soy yo la única que aún los recuerda?
Estas preguntas y frustraciones me causan aún más malestar al saber que las versiones de ellos con las que sueño no existen en la realidad, y que además, ya no conozco a ninguno de ellos. Estuvimos relacionados hace más de una década y perdimos el contacto. No sé nada de cómo viven o lo que piensan ahora y tanto las versiones de ellos, como las mías, que mantuvieron una relación, desaparecieron cuando estas relaciones se acabaron. Esas personas que fuimos son ahora fantasmas y sus apariciones en mi vida se sienten residuales, inesperadas e indeseadas.
Agobiada por estas inquietudes, decidí preguntarles a varias mujeres a mi alrededor si habían experimentado algo similar y cómo lo manejan. Porque por el momento, en una movida muy classically me, mi cerebro respondía a estos fantasmas con fastidio y con culpa, queriendo convencerme de que tal vez hay algo mal en mí, que probablemente soy tan incapaz de dejar ir sentimientos pasados así como de amar a alguien por completo, o que tal vez algo va mal en mi relación actual.
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Todas me dijeron que habían experimentado en su vida esos sentimientos residuales de diversas maneras. Inclusive mi terapeuta, Katherine, me dijo que soñar con parejas pasadas era un tema común que había tratado en sesiones con otras pacientes y se sorprendió de que yo nunca hubiera traído el tema a nuestras consultas.
También es común el hecho de que no todas las relaciones que tenemos nos dejan esos fantasmas. “Sólo me sucede con mi primer novio, que fue mi primer todo y fue muy importante para mí”, me dijo Silvana. Daniela, mi hermana, me dijo que únicamente tenía pensamientos celosos tipo: “¿por qué con esa otra persona sí funcionó y conmigo no?” con una ex novia. Una amiga, quien me pidió que no dijera su nombre, definió la persona con la que le sucede esto de un modo hermoso llamándolo “el amor de mi vida pasada”.
A Laura solo le sucede con uno de sus ex novios: “jamás he soñado con un ex novio con el que me dolió mucho terminar y por eso me sorprende esa capacidad de uno de tener un amor, tan punzante y agudo, que le deja esos rezagos en el cerebro. No es el amor que uno espera el que va a dejar un trauma”, me dijo.
Me encuentro en sus palabras. Cuando un novio que tuve en mi primer semestre de la universidad me terminó, caí en el despecho más espantoso que he atravesado. Si pensaba en él, me daban náuseas, y como lo pensaba todo el tiempo, no pude comer casi nada por más de dos semanas. Perdí muchísimo peso y mi malestar era tan evidente que hasta mis profesores, en esencia unos desconocidos, comenzaron a preguntarme si estaba bien. Para mi sorpresa, cuando hoy en día se me atraviesa la existencia de ese ex en alguna red social, no siento nada.
Laura conecta la presencia de este ex a un momento preciso en su vida: “siempre sueño que estamos todo el grupo de amigos del colegio otra vez juntos y él está ahí. Es un recuerdo de una época que añoro, la juventud y el sentir esa amistad grupal que es algo que hace mucho tiempo no tengo en mi vida.” Estos sueños se han convertido en un puente para pensar y reflexionar sobre su pasado. Al despertar, “escribo y analizo qué cosas idealizo de mi adolescencia o qué sobrepienso sobre la época universitaria y los errores que en ese momento cometí”, me contó.
El foco cambia de la persona a la situación que se da en el sueño, en especial porque Laura también reconoce que la persona con la que sueña “no es él, es una idealización. No pienso en él sino en la relación que tuvimos, porque no sé de dónde partir para pensar en él ahora ya que no sé mucho de su vida. Lo uso como una reflexión sobre mis relaciones y qué momentos de mi vida están teñidos de eso”, concluye.

Ahí veo reflejado lo que me dijo Katherine sobre el significado de los sueños: “los sueños son la mayor puerta que tenemos a nuestros mecanismos más inconscientes. No nos muestran tanto la relación que se tuvo con esa persona, sino qué me despertó a mí esa persona y qué sigue vivo dentro de mí, cómo yo sigo reproduciendo dinámicas o partes de mí en mi realidad así esa persona ya no esté.”
Sus palabras ponen en una luz diferente los sueños que tengo con esos dos ex novios en específico y llena de sentido el hecho de soñarlos. Uno de ellos me hizo daño, y ahora, yo cargo con las cicatrices de lo que sucedió con él y el temor de que situaciones similares se repitan en mi relación actual o en algún ámbito de mi realidad. Y al otro ex, yo le hice daño y con lo que cargo es con el peso de saber que lo herí, que pude haber actuado mejor y que nunca me disculpé.
Con respecto al otro novio por el que siento celos, Katherine refuerza la visión de Laura, de que esas sensaciones hablan más de mí que de él: “cada amor que regresa te muestra una parte de ti que no se protegió o que no dió lo suficiente, por ejemplo. A nivel de tu mundo interno, estos amores que no se van, siempre te dicen algo de ti”. Y me da una opción mucho más saludable a la manera en que hasta ahora he abordado estos fantasmas residuales: “el recuerdo alude a tratar de cerrar un círculo y mi invitación es siempre a verlo con curiosidad. Para no enredarse tanto en el ‘¿será que no estoy bien con mi pareja actual?’ sino más bien pensar; ‘¿qué hay de mí todavía en lo que pasó con esa persona?‘”
Mi hermana Daniela también me regaló una mirada más amable a lo que siento cuando veo las fotos de ese ex con su nueva pareja: “los celos son de hecho algo muy natural pero los volvimos algo negativo y no nos los permitimos sentir, porque sentirlos nos hace alguien tóxico.” Cuando le sucede a ella: “como con cualquier sentimiento, lo acepto, le doy espacio y luego dejo que se vaya.”
Gill, la única de mis amigas que entrevisté con la que hablamos en inglés y que es un par de años mayor que yo, me regaló una perspectiva sobre el duelo y lo que queda luego de que terminamos relaciones, llena de compasión: “muchas de mis relaciones fueron caóticas y dolorosas, casi siempre el resultado de dos personas inmaduras emocionalmente que no tenían una idea real de cómo se veía una relación saludable. Tal vez al entender eso sobre mí misma fui capaz de extender esa compasión hasta la otra persona. No deseo que estén en mi vida más, pero los perdono así como me he perdonado a mí y, cómo me deseo lo mejor a mí misma, también se los deseo a ellos”. Sólo hay una relación con la que siente que no ha logrado hacer las paces: “la única excepción, en términos de relaciones románticas, es probablemente con mi ex que se quitó la vida. Pero esa es una herida de duelo diferente en comparación con el fin de otras relaciones. Tiene una vida por sí misma y ha evolucionado a través de los años y a medida que gano más entendimiento sobre el mundo”.
Hasta que ella lo mencionó, no había considerado la palabra ‘duelo’ en el panorama de estos sentimientos. Una relación que se acaba es la muerte del pequeño mundo que se construyó entre dos personas con todos los elementos que eso implica, y de las personas que estuvieron involucradas en ella. Por eso tiene todo el sentido que, como con cualquier muerte, luego de ciertas relaciones quedemos con preguntas, cosas que tal vez no dijimos, arrepentimientos, heridas y sentimientos residuales.
La mirada de mi amiga que prefiere permanecer anónima, también está llena de una compasión que alcanzó luego de tener claridad: “mi relación pasada fue mi primer amor de la vida y siempre hubo ese contacto intermitente, esa necesidad de buscar esa complicidad que uno tuvo en la relación, de nuevo. Esa necesidad de ambos lados de aparecer en la vida del otro de nuevo y confirmar que ahí estaba aún esa complicidad. Hace poco él volvió a aparecer y yo le dije que esa complicidad que nosotros siempre estamos buscando ya no está ahí, es solo una idea que uno tiene. Y además, yo soy muy diferente ahora a la persona que estaba en esas otras relaciones, entonces por eso busco otro tipo de complicidades”.
Entender que ella ya no es la misma persona y que esa complicidad no volverá, porque ya no existe, la ayuda a mirar lo que aún siente por esa persona de un modo distinto y más compasivo: “Hay una palabra en portugués, saudade, que solo existe en ese idioma y si uno la describe es algo así como la nostalgia que uno tiene por el pasado pero no es triste, sino que también viene con felicidad. Y eso explica mucho ese sentimiento que uno tiene de las relaciones pasadas”. Además, los sentimientos residuales se expanden a otros espacios de su vida: “Para mí aplica no solo en las relaciones sino en mi vida pasada. Mi vida antes de emigrar, mi niñez, mi vida en la casa de mi abuela…”

La mirada de mis amigas sobre el tema me llevó a reflexionar sobre la idea de amor romántico con la que crecí. Siempre lo vi como un sentimiento inflexible y lo llené de una fuerza que lo hacía arrasador, de modo que cuando me enamorara profundamente, ese amor iba a borrar cualquier sentimiento que hubiera sentido por personas en mi pasado. Por esta visión es que los sentimientos residuales que ahora experimento me asustan y me llevan a pensar que tal vez hay algo mal en mí o en mi relación actual, mientras otra parte de mí sabe que esto no es verdad pero se desespera ante la imposibilidad de controlar lo que siente.
“Mi vida no sería mi vida en estos momentos si estuviera con alguien más”, me dijo mi hermana hacia el final de nuestra conversación y sus palabras las vi reflejadas en la manera en que mis amigas concluyeron que no quieren que su vida sea diferente de ningún modo y no toman sus sentimientos residuales como una señal de esto. Que en nuevos compañeros han encontrado nuevas formas de complicidad que se ajustan a lo que su vida necesita ahora. Y que en esos fantasmas del pasado reconocen en especial los fantasmas de ellas mismas, las personas que fueron y que en su momento, actuaron de modos que hoy ya no lo harían.
Me quedo con la tranquilidad de saber que mis sentimientos son similares a los de muchas a mi alrededor, que no son un defecto que mi ansiedad busca señalar como innato en mí, y con la compasión y curiosidad con la que ellas han decidido abordarlos y explorarlos. Comienzo a entender que el corazón y la cabeza a veces nos quieren transmitir ideas y verdades importantes, pero pareciera que no hablaran la misma lengua que nuestras creencias y los mecanismos con los que abordamos y entendemos el mundo. Y a veces, para poder desenredarse, lo que falta es un poco más de silencio, comprensión y buscar nuevas maneras de comunicación. También busco hacer las paces con todas las versiones de mí y las versiones de quienes ya no están más en mi vida, y con lo que sucedió entre nosotros, para bien o para mal. Porque a diferencia de Bad Bunny, el único baile que quiero que sea inolvidable, es en el que estoy ahora.
