octubre 26, 2026

La importancia de cuestionar nuestras formas de lenguaje: una entrevista con Abril Torres

By In Entrevista

Abril Torres Sánchez, de formación lingüista, fue galardonada del Premio Mujer Tec 2026 en la categoría: “Ciudadanía con Perspectiva de Género”, un premio que reflejó su esmero y dedicación en la realización de proyectos multidisciplinarios enfocados en la prevención de la violencia de género.

Desde su ingreso al ámbito académico, Abril se mostró interesada por materializar su saber a través del activismo. Esto le permitió crear el protocolo de atención para casos de violencia de género, acciones que emprendió como integrante de la Comisión Ejecutiva del Protocolo del COLMEX.

Al ingresar al sistema Tecmilenio, como integrante de la Oficina de Inclusión y Comunidad Segura, se dedicó a atender casos de violencia de género. Su liderazgo le permitió ascender a líder nacional, encargándose de toda la estrategia de prevención y atención en los 32 campus de Tecmilenio, brindando acompañamiento a sobrevivientes de violencia de género en instituciones educativas. Esto la motivó a emprender un doctorado en Pedagogía.

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Aunque Abril continúa consolidando su pensamiento en los estudios de género desde un enfoque académico, cuestionando la política de exclusión, la ganadora del Premio Mujer Tec 2026 reconoce que el género, como categoría de análisis, la ha llevado a cuestionar las normas lingüísticas con las que se formó años atrás, permitiendo identificar y reconfigurar sus propios sesgos ideológicos. Por ejemplo, Abril reconoce que hace “algunos ayeres”, no estaba muy convencida del uso de la “E” o la “X” como iniciativa para fomentar un lenguaje incluyente.

—Hablaba desde mi lado más lingüístico y decía: “bueno, esas propuestas no van a funcionar”. Yo adopté una visión más conservadora, más desde mi disciplina. No alcanzaba a ver esos sesgos hasta que comencé a estudiar temas de género, lo que me permitió dialogar de forma más profunda entre lo lingüístico, lo social, lo político y lo ideológico.  

—¿Ahora piensas que es importante el uso de la “X” o la “E” en el lenguaje cotidiano?

—Claro que es importante ponerla. Yo venía de una tradición lingüística que implicó la adopción de una línea teórica muy propia de la Academia Mexicana de la Lengua. En ese momento, cuando se empezó a popularizar mucho el uso del lenguaje incluyente, la postura de la Academia era muy clara; no era necesario el uso de la “X” o la “E”. Y aunque existe el sexismo, muchas veces la lengua no lo refleja. Yo fui heredera de esa postura.

—¿Cómo te diste cuenta de ese sesgo?

—Me encontraba en el aula, impartiendo clases a adolescentes de segundo de secundaria, era un día normal. Entonces dije algo así como, “Todos me van a entregar…bla bla bla” y una alumna, de forma muy genuina me preguntó: “¿entonces, nosotras no vamos a entregar nada?” haciendo alusión que, al decir  todos, no las estaba incluyendo a ellas. Y era una pregunta genuina porque la alumna no me estaba retando. Me hice consciente de que yo estaba siendo sexista. Entonces cuestioné la regla lingüística, la norma que nos dice que al mencionar la palabra TODOS o ALUMNOS ¡se incluye a todxs! aunque en la vida real hay personas con identidades que no se sienten incluidas con el uso del  masculino genérico. Esa interacción en el salón de clases fue mi despertar.

Abril explica que no siente algún tipo de pena al reconocer que en algún momento de su vida no estuvo a favor de las formas que surgen para promover el uso del lenguaje incluyente; incluso explica que le gusta contar esa anécdota en pláticas, porque eso habla de su proceso y formación profesional; acciones que le han permitido configurar su pensamiento y lenguaje. 

—Me gusta pensar esa anécdota como parte de un proceso en el que me di cuenta de la carga ideológica y política que tiene el lenguaje. No fue que un día desperté y dije: “voy a empezar a hablar con la E o escribir con la X”. Fue aprender a cuestionarme a mí misma lo que sabía como lingüista desde la teoría del género. 

Abril no recrimina si las personas están listas para incluir la letra “E” en su cotidianidad. A lo largo del tiempo esta propuesta de inclusión genérica ha sido parte de un proceso: primero el uso del “@”, la “X” y recientes años el uso de la “E”. Para la lingüista lo relevante es cuestionarnos la forma en la que hablamos, al final eso nos permite reconstruir imaginarios que nos ayudan a visibilizar otras identidades. Aunque esto también depende de la clase social y los intereses que se construyen en espacios con o sin poder adquisitivo.

—Impartir clases en educación privada me ha dejado observar que todavía existe un tipo de resistencia por parte de algunas personas que son parte de la comunidad estudiantil, se resisten en adoptar nuevas formas de lenguaje. Y lo entiendo porque así funciona en altas jerarquías o con altos mandos. Aún hay personas que están muy acostumbradas a hacer las cosas de una misma forma porque eso es lo que les ha funcionado, no tienen disposición para cuestionar. 

—¿Consideras que en algún momento de la historia una consonante logre formalizarse y posicionarse como parte del lenguaje incluyente?

—Nada garantiza que la “E” se quede en el español como única estrategia que marca un género neutro. Las personas que nos dedicamos a la lingüística sabemos que el cambio lingüístico es arbitrario, no siempre responde a las mismas razones, nadie lo puede decretar. Vamos a encontrar otras formas de comunicarnos. Siempre habrá una forma de nombrar las cosas y el español tiene sus propias estrategias para moverse alrededor del género y salirnos del binarismo.

Aunque el premio que le fue otorgado a Abril se desprende de su activismo, ella puntualiza que el reconocimiento le ha permitido comprender que todo activismo debe acompañarse de acciones, como por ejemplo el de reconocer que otras identidades genéricas son parte de los cambios que combaten la desigualdad.

—Es importante pasar a la acción, cuestionarnos qué estamos haciendo para que las identidades queer estén incluidas en nuestros espacios. ¿Qué hacemos para que la brecha de género y salarial de las mujeres que trabajan en nuestras instituciones se acorte cada vez más? Siento que se ha vuelto muy cómodo decir: “yo utilizo ciertos términos, utilizo la E”, pero hay que preguntarse: ¿qué más estoy haciendo a nivel personal, institucional o gubernamental para incluir otras identidades?

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Abril aún continúa preparándose como pedagoga y lingüista, aprendiendo y perfeccionando el francés. Sin duda su aportación respecto a la evolución del lenguaje incluyente nos permite pensar que no existen reglas estrictas en el lenguaje; se trata de un ejercicio propio, de cuestionarnos a diario nuestras palabras, porque son ellas las que consolidan nuestro pensamiento. Y como menciona Abril, no sabremos si la “E” llegó para quedarse, sin embargo lo valioso de este proceso es que tenemos la disposición de adoptar nuevas formas de lenguaje; de romper y cuestionar nuestras palabras para que ninguna identidad quede excluida de esta realidad.

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