Cuando era niña, a Georgina González Mendivil le gustaba que su mamá le leyera. De ahí nació un amor que ha perdurado hasta ahora, de muy diferentes maneras. Una de ellas fue crecer para ser escritora: “me acuerdo de haber pensado desde muy niña que yo quería hacer sentir a alguien así de bien como yo me sentía cuando estaba leyendo un libro”.
Varios años después, en la casi primavera del 2026, Georgina, recibió el Premio Mujer Tec 2026 en la categoría de Arte y Gestión Cultural, con el que reconocieron el trabajo que ha realizado por décadas en talleres de literatura, en el aula como profesora y también como escritora. Geo (como le suelen llamar) cumplió con ese pensamiento de niña y lo llevó más allá.
Geo, la escritora
Incurable (20212), Gorda (2019) y Caleidoscopio (2023) son las tres novelas que ha publicado la autora sinaloense y, aunque cada una tiene su particularidad, hay algo que tuvo claro desde el inicio: cómo representaría a las mujeres. En su primera novela, desde el primer momento fue muy importante que su protagonista fuera una mujer de la que pudiera sentirse orgullosa.

“Yo quería escribir acerca de las mujeres que yo conocía, no de mujeres estereotipadas, sino de mujeres que tienen sus propias metas, sus propios sueños y que con todo y eso también se enamoran y también anhelan tener una pareja”, cuenta. Quería hablar de mujeres fuertes, porque una cosa no está peleada con la otra.
Así, el romance es uno de los elementos principales que se encuentran en sus novelas, pero no el único, y eso es algo que no todo mundo ha sabido ver, pues muchas personas han desacreditado sus historias porque son de amor y no ven más allá, se quedan en la superficie. Pueden creer que sólo trata de una mujer que se enamoró y sobre si le hicieron caso o no, pero tratan de otra cosa: de las metas y sueños de sus protagonistas, del autodescubrimiento, de las relaciones familiares, de la corporalidad y muchos más temas.
“Son engañosamente simples mis libros”, afirma.
Y también hay un tema de género.
—¿Por qué escribir de mujeres?–, le preguntaron cuando publicó su primer libro. En ese momento no supo qué contestar, pero ahora respondería que son más de la mitad de la población, las principales lectoras de todos los libros y porque merecen leer sus propias historias.
Hablar sobre Gorda
Con ese mismo pensamiento fue que escribió Gorda, la historia de una mujer que habla desde su propia experiencia.
Para este libro la primera decisión fue el nombre: GORDA. “No se llama gordita. Yo te voy a quitar la palabra a ti de la boca, la palabra es mía. Sí. Yo te voy a decir qué es una gorda, tú no me vas a decir a mí”.
Georgina escribió esta historia viviendo en una sociedad como la sinaloense, en la que la violencia estética es de niveles muy altos; con una presión muy grande sobre cómo te ves, cómo te vistes, te peinas y te presentas al mundo. Se ha enfrentado a comentarios del público, como quien le dice que escriba de “gordos” (hombres), o quien llega con el señalamiento de que ser gorda es un problema de salud como fumar. En ambos casos ha tenido que responder y defender su trabajo con firmeza.
“Este libro ha sido una relación que a mí me ha alimentado mucho también. Porque obviamente me ha empujado a aceptar cosas que a lo mejor yo podía decir en privado pero ahora las tuve que decir en público”.
Tuvo que perder la pena y reconocer que algunas experiencias ahí eran propias, pero no todo. “Ha sido el decir ‘es esta es la historia que quise contar’, me animo a decirlo, ni modo”.
Gorda y la sociedad del Ozempic
Gorda se publicó en 2019, pero puede estar muy presente en 2026, en medio de una sociedad que regresa a exigir estándares de belleza y delgadez que parecen imposibles.

Pero Georgina también ve que actualmente también hay personas que quieren recibir el mensaje. Desde su publicación y hasta ahora, recibe invitaciones para conversar sobre su libro: foros virtuales (sobre todo en pandemia), podcast o transmisiones en vivo de Instagram.
Y también la sigue tocando como autora. Recientemente, unas alumnas de su plantel comenzaron a leer el libro. Cuando se enteraron que ella daba clases ahí, fueron a buscarla. Una de ellas le dijo emocionada: “¿Usted es la autora? Gracias por escribirlo”.
Una frase que le dio ternura pero también le reforzó la idea de que “sigue habiendo personas que necesitan ese refugio que les puede ofrecer Gorda, porque esa es la otra Gorda, no nada más confronta algunas ideas, también reconforta otras”.
Una terapia personal
Para su última novela, Georgina volvió a enfrentarse a sí misma. Creció con una madre que esperaba fuera “la niña rosita, los moños”. Pero fue criada con tres hermanos mayores que le decían: “no chille, levántese, no pasa nada”. Y quiso poner eso en su escritura.
“Quería hablar un poco de ese tipo de mujeres porque yo no las veía y se me hacía muy padre todo lo que se hablaba de la sororidad y de que ‘el amor son tus amigas’ y yo decía: sí, pero ¿y qué hacemos las que no sabemos qué hacer con eso?, ¿dónde nos acomodamos? ¿Cómo le hacemos?”
Sumado a eso también estuvo un divorcio que la llevó a cuestionarse su relación con los hombres. Así que lo tomó como idea detonadora y se planteó cuestionar todos los hombres de una vida. Ahí nació la idea de Caleidoscopio.
“Lo llevé al extremo. Entonces, hablé de lo que te imagines: de profesores, de amigos, de tíos, de suegros, de todo lo que se me ocurrió. Pero al mismo tiempo los usé como vehículos para entender otra parte de la historia de una persona”. Cuando unes los pedacitos de la historia, cuando lo ves todo, armas el caleidoscopio.
Luego de este trayecto de tres novelas, Georgina afirma que sus libros han sido una especie de terapia, pues le han permitido dejar parte del dolor que estaba viviendo en ese momento. “Me ha permitido dejarlo ahí y yo poder seguir adelante”.
La gente de jueves
Además de lo que ha realizado como escritora y por lo que se le ha reconocido, Georgina González fue galardonada por su trabajo de gestión cultural, parte de este fue un taller que impulsó en su trabajo.
Cuando empezó a trabajar se preguntó qué hacer con su escritura, ¿qué hacer con ella mientras daba clases? Cuando llegó a dar clases a Culiacán pensó en crear su taller literario y quien era su jefa le pidió hacer una propuesta para dar un taller. El ingeniero agrónomo que tenía que autorizarlo resultó ser un fanático de la literatura y le dieron el espacio para hacerlo. “Y mi argumento con los estudiantes en ese momento cuando yo recién empecé era: yo tampoco sé, aquí aprendemos juntos”.
Así fue que se comprometió, investigó en línea, buscó información de talleres, libros de ejercicios y así formó el taller de creación literaria, que daba cada jueves. “Un alumno una vez me dijo que éramos gente de jueves y así empezamos a referirnos al taller. Éramos gente de jueves”.
En esas aulas, Georgina era sólo Geo, no la maestra, miss, profe, teacher, sólo Geo. Esto para intentar usar el sentido humano, para que las persona tuvieran confianza a nivel personal y les permitiera leer y comentar sus textos. Junto a eso fue la decisión de no hacer lo mismo que otros talleres que brindan una crítica muy dura, porque eso desanima a las personas y ella lo que quería era que siguieran escribiendo, pues sólo así se puede mejorar.
“Me propuse en mi taller un ambiente donde no tenías por qué decir que todo era hermoso, o sea, no tenías por qué dar halagos inmerecidos, pero sí tenías que dar crítica constructiva”. Eso entre los alumnos, por su parte ella siempre trato de enfatizar lo que habían hecho bien.

¿Qué fue lo que aprendió? En primer lugar, que los críticos están muy equivocados cuando se ponen a pensar en lo que un autor quiso decir. Para ella era divertido ver cómo los asistentes construían sus historias y como en algunos casos es por suerte, porque se acomoda o porque le suena bonito.
De ese taller también obtuvo a muchos de sus mejores amigos de hoy en día. “Es gente que se volvieron mis amigos más que mis alumnos”. Ellos, dice, se llevaron a alguien que supo verlos, que los escuchó y les abrió un espacio para ser ellos mismos.
Geo la profesora
Eso está dentro de lo más relevante que ha realizado en una institución educativa, pero también ha tenido logros y aprendizajes dentro del aula.
¿Cuáles han sido estos aprendizajes?
Lo primero que le vino a la mente es que no hay nada como un adolescente para mantenerla humilde. Porque a ese estudiante que toma tu clase le llamará la atención que eres escritora sólo por 20 segundos. Es una experiencia que la aterriza, la ancla en el suelo, la hace decir: tú sueñas lo que quieras, pero acuérdate que al final de cuentas somos personas.
Estar en contacto con personas jóvenes también la alimenta de muchas historias, de cómo se ve el mundo ahora.
Además, un aprendizaje que se lleva a sus libros es el hablar de cosas complicadas con un lenguaje sencillo. “Porque yo en mis libros hablo de la pérdida, del dolor. Hay muchas cosas muy fuertes, pero mi objetivo ha sido tratar de usar un lenguaje bello, pero no un lenguaje complicado”.
Quiere ser accesible para los jóvenes, no quiere ser como ese señor escritor con un nicho. Prefiere que la lean pocas personas, pero que estén comprometidas.
Algo más es que todos estos trabajos, en su conjunto, han sido una manera de reconectar con su feminidad, con la que, como ya mencionó, no estaba tan cercana. Lo ha logrado al trabajar con muchas mujeres: todas sus editoras han sido mujeres, la editorial independiente en la que publica está liderada por mujeres, la mayoría de quienes asisten a sus talleres son mujeres. “Es como una manera de balancear las cosas en la vida, ¿no?”
Un reconocimiento al trabajo de muchos años
Al final, todo su trabajo se ha entrelazado de alguna manera. Y ahora, en 2026 recibió un premio que la reconoce en estas facetas distintas pero complementarias.
En un video que forma parte del Premio Mujer Tec, Georgina dice que el premio se siente como el agradecimiento al trabajo de tantos años.
Pero si tuviera que nombrar la mayor satisfacción de su trabajo serían varias cosas. Como maestra: cuando a alguien le cae el veinte, como cuando ve unos ojos grandes abrirse porque comprendieron algo; cuando ve que sus alumnos mejoran su vocabulario gracias al aprendizaje que obtuvieron con ella.
Como escritora: cuando las personas le agradecen por escribir algo porque necesitaba oírlo o porque era algo que le hacía falta. “Lo siento aquí en el corazón, es como una conexión de ser humano a ser humano muy fuerte y eso lo valoro. Entonces quizás sería eso, la conexión con las personas”.
