“El periodismo bien hecho es literatura, de no ficción, pero literatura al fin”.
Leila Guerriero
Llevo días sentada frente a la computadora, la mayoría de ellos con las habituales lluvias de agosto arreciando junto a la ventana, viendo este archivo. Lo titulé “Aniversario La Desvelada” porque me siento incapaz de empezar a escribir si no tiene un título. Pero la introducción nada más no la lograba hacer y sí otros fragmentos que llegaban a mi cabeza pero que sabía que serían parte de este texto híbrido, tal como el medio que va a alojarlo.
Y en este momento, conforme cada letra brota de mis dedos, me di cuenta que sólo así —muy a la Carrie Bradshaw— podía ser que empezara un texto para celebrar los seis años de La Desvelada: abrazando con honestidad lo que me hacía sentir vulnerable.
Porque claro, si quienes leemos esta revista y quienes integran el #TeamDesvelada hiciéramos una nube de conceptos para definirla, la vulnerabilidad sería una de las palabras dominantes.
Pero, a diferencia de la gran mayoría de los medios, la vulnerabilidad no está en los personajes de sus reportajes o en el medio en sí porque esté en crisis, no, aquí la vulnerabilidad está en quienes ponen la pluma y el teclado abriendo su corazón, que nos dejan ver un poco de lo que viven, de sus miedos, romances, corajes y claroscuros en textos imposibles de clasificar, tal como lo dijo la creadora de esta revista, Sac, en El método Desvelada cuatro años atrás. Y es justo con ese texto con el que quisiera dialogar, porque los corazones rotos por el periodismo duelen mucho pero si nos decidimos por ese “nunca más” nos dan una claridad bárbara

***
Al inicio de mi vida periodística recuerdo que hubo personas que me preguntaron en qué medio me encantaría escribir y que sinceramente en esa etapa no tenía ni idea, solo tenía la certeza de que vivir de mis letras -y que ellas tuvieran impacto- me ilusionaba.
Con el paso de los años y conforme avanzaba mi relación con un medio que incluso fue el Voldemort del que escribí aquí, en esta casita, me hice de crushes de distintos medios y al mismo tiempo, por más irónico que suene, me aislé de esos círculos desconociendo muchos otros espacios alternativos. Y entonces pasó: el corazón dividido entre aquellos textos que te atrapan -ensayos complejos, columnas sumamente personales, historias que llegan al alma- y aquello que parecía lo que debía hacer -notas duras, reportajes serios, despojados de toda emoción, de todo sentimiento, neutrales porque claro el periodismo serio (aquí pueden voltear los ojos) es así-.
Y me dejé llevar, a sabiendas que yo sólo quería escribir.
Luego, la vida, los golpes de realidad, la desilusión con los medios. Los primeros cinco años de esa vida me llevaron a encontrarme con que más que los medios, estaban las personas, las periodistas brillantes y las historias que quería relatar. Diría el meme: yo solo quería ser una de ellos.
Para 2022, después del evento canónico que me llevó a pensar que no quería volver a trabajar en un medio tradicional por la explotación y burnout que pasé, las cosas cambiaron y como si se me hubiera quitado una venda o una caja cuadrada de mis ojos, me encontré con La Desvelada.
Miranda, mi amix capricornio de twitter con quien compartía el crush por otro medio, tuiteaba muchos textos de un medio con un logo de un ojito muy coqueto. Empecé a seguirlas, a leerlas y descubrir que sí, había otras formas de hacer periodismo y literatura. Para agosto, su directora Sac anunció un taller que involucraba a Taylor Swift: con la pluma afilada y el corazón abierto y yo sólo veía señales.
¿Por qué hacemos esto? ¿Por qué nos hacemos esto?
En algún momento de su trayectoria, Joan Didion dijo que si escribía era para descubrir qué es lo que piensa, observa, ve y el significado de todo esto. Pero también ella escribía para saber lo que desea y teme. Y ese año en el que no solté a las desveladas, entendí por qué quienes son parte del equipo sienten a la revista como un hogar y al mismo tiempo -como su lectora y su fan- sentí que ya conocía a Sac, Marisol, Nikthya, Bicky, Miranda y a Fer a través de sus letras, de los pedacitos de sus vidas que compartían, de sus deseos, observaciones y temores justamente cumplían con ese cometido de Didion.
La Desvelada es un híbrido que en sus primeros seis años nos ha traído, sobre todo, emociones encontradas en forma de ediciones que nos obligaban a confrontarnos y nombrar aquello que evitamos; de lugares y experiencias inolvidables para quienes escriben; de desvelos memorables y también para domar a través de las letras todo tipo de demonios y fantasmas de esos que solo se aplacan una vez escritos.
Gracias a esta revista conocí textos preciosos del duelo en torno a la pérdida de un amigo y este año que viví algo parecido pude nombrar bien lo que sentía. Qué necesario que los medios nos compartan con dignidad historias así, que nos atraviesan y que las omitíamos por sentirlas vulnerables o cotidianas. Por eso y muchas cosas más, esta revista no es cualquier medio.

***
Dejó de llover. Y mientras tomo un café del sitio que es mi casa también y que me hace comprender el valor y la entereza que requiere empezar un proyecto, le respondo nuevamente a ese ensayo del Método Desvelada: yo también estoy muy orgullosa de ti, Sac, por dejar atrás la mierda y las cenizas de esos puentes tóxicos, por abrir un sendero luminoso a pesar del miedo que genera una exposición de este tipo y porque junto a tus amigas le han dado solidez a un proyecto fresco y lleno de personalidad.
De verdad, no hay una revista tan mágica y llena de identidad como la suya. Y eso solo se logra con un equipo sólido.
***
Si imaginamos que mi versión de este 2026 pudiera ser una viajera en el tiempo, tal vez en 2017 cuando le preguntaron a mi yo de 24 años en dónde le gustaría escribir, me acercaría con compasión y le diría: “ni te preocupes por responder, tienes que pasar por varias cosas para que nueve años digas con toda certeza que La Desvelada es uno de esos sitios donde te sientes a gusto de publicar sin necesidad de catalogar lo que escribiste poniendo toda la profundidad y belleza que se pueda”.
Gracias, desveladas, por invitarme, contemplarme e invitarme con generosidad a ser parte. Porque la admiración es mutua y porque aunque este escrito refleja algunos pedacitos vulnerables de mi relación con los medios y cómo llegué a ustedes, sé que podría retratar los sentires de muchas personas que deciden dar clic y apostar por escritos hechos con plumas -o teclados- afiladas y corazones abiertos.
