diciembre 22, 2020

El Alacrán

By In Enigmas

Tercer códice.

En la tenue luz de la tercer cara de la última luna, de la casa final del camino del gran astro, el sol abre sus ojos tímidamente tras la puerta del cielo, todos los seres que caminan y se arrastran sobre la tierra o vuelan por los aires, llegan de prisa a la pequeña pirámide cuadrangular, con un cuarzo en la punta, que está en el centro del valle. Todos esperan la llegada del extraño ser con la máscara de los cuernos del venado, el Brujo Venado lo llaman, él ha caminado al cerro de los venados, primero de ida a escuchar a los dioses y ahora de vuelta para dar el mensaje, todos voltean hacia el cerro, el más grande de los que rodean el valle, aquel que tiene siete pequeños montículos casi iguales en su punta,  siempre custodiado por una eterna nube.  

Al bajar la mirada, todos los seres observan la llegada del Brujo Venado, quien lentamente se acerca a la pirámide después de su largo recorrido. La pirámide, bañada por la tímida luz que despiden los ojos entrecerrados y tristes del sol, hace que todo el valle parezca oscuro, gris. Al llegar a la construcción triangular, el brujo toma su tambor y comienza a tocar con un ritmo muy lento, los seres parecen adormecerse con cada golpe, cuando el ritmo es menos lento los seres parecen orar… Su voz es un murmullo, un zumbido, un arrullo.  

Poco a poco, los golpes del tambor se vuelven rápidos, frenéticos, lo inundan todo. Ahora los seres gritan, lloran, aúllan. Los jaguares, tlacuaches, tlachimockos, conejos, todos,incluso los guardianes del cielo y los animales sin cuerpo, se convierten en una masa multicolor de almas que gira con violencia en torno a la pirámide y al brujo, es una danza sin fin, que imita la danza de los universos. De repente cae el último golpe del tambor y el brujo se desploma en silencio. La danza se detiene, nadie se mueve, el silencio es total, el valle se oscurece aún más, el rayo de luz que cae sobre la pirámide parece desaparecer, al tocar el cuarzo, lanza al aire débiles y opacos destellos, entonces de entre las ranuras de las piedras que construyen el monumento, surge el alacrán. 

El alacrán baja hasta la tierra, los seres callan, incluso el jaguar orgulloso, tirado sobre el suelo, observa y escucha, como lo hacen los demás. El alacrán danza describiendo estrellas de cinco, seis y siete picos en círculos concéntricos en torno a la pirámide, ignorando a todos. Mientras esto sucede, ahora el alacrán ¡canta! Todos tratan de escuchar el chillido agudo y apenas perceptible, algunos lo consiguen , otros no pueden escuchar nada.  El silencio del valle es absoluto, solo se escucha el canto del alacrán. 

El Brujo Venado, el único que conoce las notas de tan agudo e imperceptible canto, el único que viajó para escuchar a los dioses, se levanta lentamente, impulsado por la música que brota del arácnido. El brujo estalla en alegría, el canto del alacrán agrada al astro rey, que abre sus ojos sobre el valle, el tenue rayo se convierte en un torrente de luz que estalla sobre las almas, sobre los seres, sobre las plantas y las montañas, lo inunda todo. El equilibrio se restablece: el jaguar devora al venado, los gusanos comen su cuerpo, los monos saltan y chillan, arrojan piedras sobre el mundo, las plantas ofrecen sus frutos, todo se pudre sobre la tierra para renacer en los árboles. La masa de seres finalmente estalla en millones de colores, las almas se multiplican, renacen, otras mueren, otras son paridas, expulsadas del núcleo.

El alacrán, la pirámide, el brujo, los seres del universo… Todos y cada uno renacen con la luz. Regresarán los días cálidos, regresarán las plantas, los frutos y las flores, regresarán los animales para ser devorados, regresará el jaguar a devorar el mundo, regresaremos todos al origen de la luz, volveremos como siempre para escuchar el canto del alacrán.  

Leave a Comment