diciembre 22, 2020

Entre novelas e historia, las verdades se asoman

By In Análisis

Los límites de mi mundo

Son los límites de mi lenguaje

Ludwig Wittgestein

La frontera entre realidad y ficción se desdibuja en el momento justo en el que, entremezcladas, son convertidas en discurso. Lo anterior despierta, frecuentemente, el interés del sujeto por averiguar si lo volcado en una narración debe considerarse veraz; o bien, clasificarse como no real por el hecho de designarlo como ficción, con la intención de establecer diferencias entre la historia y la literatura identificables por los vocablos ya mencionados. 

Avizoramos, entonces, la insistencia del individuo por catalogar todo lo que le rodea; sin embargo, cuando nos encontramos con la denominada “novela histórica” nos enfrentamos indudablemente ante una situación que podría ser, para algunos, por demás adversa, al no poder taxonomizar, ni señalizar, por más exhaustiva que sea la búsqueda, qué de lo dicho en ella es real y qué no lo es. Empero lo anterior, lejos de conflictuar al lector, “la novela histórica” pudiese representar para éste, la posibilidad de adentrarse en sucesos desde perspectivas diversas, pues “lo importante será… la propuesta estéticamente construida con una serie de mundos posibles, a través de universos narrativos que pueden disentir, afirmar, problematizar, etc.” (Rosado y Ortega, s/a, p. 206). Así mismo tendrá la garantía de que lo narrado podrá nutrir sus ávidas dudas, propiciará su acercamiento con la historia y generará que se sumerja en el caudal imaginativo del autor, ya que: “Las vivencias históricas, sobre todo en épocas de crisis y conmoción general. Constituyen un poderoso estímulo […] de reflexión histórica” (Kurt Spang, s/a, p. 81). 

Caja de sorpresas (2011) de la autora Josie Mar Soria Bortz, nos invita a introducirnos en su obra literaria con el fin de descubrir qué hay en el interior; página por página no dejaremos de sorprendernos, pues, debemos decir, no hay momento en el que la esencia del título se pierda en el texto, ya que constantemente estamos a la espera de una nueva revelación que se devela con cada línea del texto. 

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La diégesis de la historia se centra en Carmen mujer: “que siempre se había caracterizado por ser regia, por su frialdad, por la dureza que le daba marco firme a su personalidad” (Soria, 2011, p. 7). Poco afectuosa, con gran amor por las bebidas revitalizantes como el agave y por su gran tino para decir las cosas. Todo lo que de ella se dice es narrado por Julia, su nieta, quien hace uso de pasajes construidos con recuerdos que presentan las anécdotas de aquélla. Dichos pasajes son contados de manera lineal, pero constantemente se dan las analepsis, es decir retrocesos al pasado, ya que: “La novela histórica –incluso dentro de la linealidad- puede manipular el tiempo sobre todo en las condensaciones imprescindibles, porque sólo así será posible abarcar mucho tiempo. Los saltos… son frecuentísimos” (Spang, s/a, p. 113).

Ella fue una mujer de la revolución cuyo carácter se forjó dentro dicho suceso, justo cuando tuvo que enlistarse en las filas del comandante Villa; esto, debido a que una tarde mientras compraba pan para su hogar un joven se le acercó para conocerla, pero incómoda por su presencia comenzaron una discusión interrumpida por un general que les preguntó si eran novios, por lo que José (como se llama el pretendiente) afirmó que sí, generando que se los llevaran: 

“—Villa había seleccionado a su gente con ciertas características, y tu abuelo llenaba esas características, por fortuna o desafortunadamente, ¡ve tú a saber! (p. 85)”.

Le contó en alguna ocasión a Julia. Como resultado de lo anterior, Carmen quedó marcada por la revolución, sentía gran amor por su general “El Siete Leguas”, “El Centauro De La División del Norte” pues afirmaba que éste le coqueteaba” (p. 103), además solía decir que lo colorido de su lenguaje se lo había dejado el año de 1910, así como el título de soldadera, obtenido por ser esposa de un soldado y participar activamente en apoyo a los revolucionarios. 

La frialdad de Carmen era tanta que no le importaba causarles sufrimientos a sus hijos, lo cual se comprueba en la siguiente anécdota:

Claramente recuerdo que Carmen, hablaba y brindaba al mismo tiempo con la colección de pericos que Miroslava tenía. En ese tiempo no entendí porque Carmen hablaba sin parar y levantaba su copa para celebrar con los pericos, ¡no entendía nada! Lo más grabado del cuadro fue cuando Miroslava llegó…mi madre notó algo raro en las jaulas, curiosa se dirigió a ellas, sin dejar el enorme manojo de flores, las abrazó fuertemente al descubrir la terrible hazaña (p.202).

Sucedió que Carmen se desesperaba por no escuchar hablar a los loros y harta de ello decidió darles agave para hacerlos hablar, ocasionándoles la muerte y dejando a su hija en ríos de llanto. Pese a lo anterior, y por haber cometido la falta, Carmen no presenta signos de culpabilidad y “al ver que los pericos ya estaban fríos, únicamente echó una mirada más a Miroslava y desapareció como sombra entre las plantas” (p. 203). Sucesos como éstos, permean a toda la novela, lo que generan en el lector, desde risas hasta tragos amargos. 

El desapego emocional del personaje principal contrasta con sus arranques de celos, pues, aunque no fuera una abuela amorosa, odiaba que sus nietas (sobre todo a las hijas de Miroslava) tuvieran amigas o fueran visitadas por su abuelo. Contrario a ellas estaban sus otros nietos, quienes no la querían en lo más mínimo por sentir que era demasiado desagradable. Esto lo expresan los hijos de José –el hijo mayor- quien se casó con Amalia:

Los comentarios negativos acerca de Carmen, siempre eran por parte de mis primos más maduros….en una fiesta Antón el segundo hijo de José comentó abiertamente “Parece cuchillito de palo; no corta, pero como chinga”. Esta observación entre otras, era el tipo de exclamaciones que algunos…hacían” (p. 54).

Como podemos avizorar el carácter agridulce de Carmen le había valido ciertos resentimiento de familiares, pues se comportaba según sus instintos le dictaban, unas veces bien y otras atacaba en el momento menos esperado y a la esposa de José siempre la trató muy mal, tanto, que el día de la muerte de aquélla lejos de sentirse triste se alegró de su ausencia, eso le valió el rechazo de sus nietos. Además de otro tipo de acciones de índoles variadas que, desde luego invitamos al lector, a descubrir a través de sus propia lectura.

Indudablemente el personaje de Carmen provoca al instante en el que se descubre una serie de emociones que podrán ser gratas o no al lector, según la postura que adopte ante  sus acciones, pues no es una mujer arquetípica como las de principios del siglo XX, sino una mujer empoderada, dueña y plenamente consciente de sus acciones. Al mirarla pasearse por las hojas del libro podemos reconocer en ella a otros personajes femeninos de gran carácter, como la inolvidable Doña Bárbara, mujer fuerte y frívola, que aparece en el libro del mismo nombre del autor Rómulo Gallegos, pues tanto ésta como Carmen vienen a subvertir el orden de sus contexto convirtiéndose en Famme Fatale, la cual en ocasiones se designa como aquélla “mujer ‘insana’ que contravenía los estrictos códigos imperantes” (Bornay, 2009, p. 2). Como tal, generalmente, este tipo de mujeres tienen finales trágicos por ser sujetos abyectos; sin embargo, Carmen no tiene un destino marcado por la tragedia como generalmente se avizoraba en las mujeres construidas en el siglo XIX y XX, sino uno trazado por el mismo personaje, esto quizá, a que las mujeres literarias decimonónicas tenían por finalidad educar a las jovencitas de la época, evitando su “perdición”. En tanto, que Carmen más bien encarna todo un siglo de vivencias que si bien, representa la mexicanidad como nos dice la contraportada del libro, aquélla no es presentada como coercitiva, sino contradictoria, paradójica y recurrente.

En este último aspecto deseamos puntualizar; es decir, en la mexicanidad que encarna Carmen, visible en el texto,  a través de los refranes, los cuales según María Pérez anuncia (siguiendo a Pérez Martínez) “es una sentencia aleccionadora, un resumen ingenioso que encierra cierta dosis de sabiduría popular originada en la experiencia y la reflexión que comunica una realidad no por todos visible” (2008, p.185). Las lecciones que de ellos se desprenden pueden ser jocosas o serias y funcionan muy bien como recurso mnemotécnico, ya que su estructura facilita su memorización. Carmen y sus historias siempre tienen un refrán en el cual respaldarse, sean situaciones alegres o tristes. 

En una ocasión en la que Elia, nieta de Carmen, presentó a su novio, ésta le notó extraño por lo que dirigiéndose a aquélla, le dijo:

— ¡Oye hija! este cabrón  tiene cola que le pisen y una cola bien larga

—Abuela ¿Cómo se te ocurre tal cosa?

—Uy y “yo Colón y mis hijos cristobalitos”.

—Bueno, bueno guárdate tus dichos para otras ocasiones…

Como podemos ver la abuela hace uso de refranes para llamarle la atención a su nieta y advertirle que el pretendiente tenían algunos comportamientos que podrían ser perjudiciales para la relación o más bien se refería a que el muchacho era casado, por lo que cuando la nieta la quiere contradecir, le responde con el Yo Colón, siendo irónica; pues en realidad lo que quería, era dejar en evidencia que no se necesita ser Colón, emblemático descubridor de América, para darse cuenta de que el joven estaba comprometido. Encontramos, además, en los dichos cierto aire bromista y satírico. Sin embargo, hay pasajes donde la seriedad se presenta con intención de llamar la atención, un ejemplo es cuando uno de los hijos menores de Carmen, asiste a una fiesta y bebe, cuando todos los hermanos habían prometido que no lo harían jamás.

A Francis le molestaba mucho esta situación, querían salir de inmediato y apoyando lo que Miroslava había dicho, con alarma recalcó:

— ¡Te imaginas que ejemplo para nuestros hijos! ¡Vámonos! “El que por su gusto muere hasta la sepultura le sabe, ¡Vámonos! Allá él, que se las arregle (p.178).

En el extracto, los hermanos desaprueban el comportamiento de Víctor, lo cual se enfatiza con la presencia del refrán, haciendo incapié en la peligrosidad de los vicios con un énfasis moral, aunque el trasfondo de la desaprobación, podrán encontrarla cuando abran el libro y recorran el largo trayecto de México, de Carmen, de Mexico-Carmen, cuando se decidan a conocerlos, cuando entren en contacto con la infinidad de personajes que desfilan por las páginas del libro-caja, pues es una grata sorpresa para el lector desenmarañar lo escondido en aquél. Pues lo hasta aquí expuesto, es sólo un breve acercamiento a la narración que tiene por finalidad invitarles a pasarse por “la historia de la novela” o por “la novela histórica”, en realidad no importa cómo lo designamos, sino lo que ella nos aporta como lectores.

Bibliografía:

Bornay, Erika. (2009).“¿Quién tema a la “femme fatale?” Génesis y desarrollo del mito en el siglo XIX”. Barcelona,. Consultado el 18/12/20 en: 

http://www.mav.org.es/documentos/ensayos%20noviembre2011/Teatro%20Real%20mujer%20fatal.pdf

Pérez Botello, María. (2008). “El refrán como texto oral y escrito”. Estudios sociales, consultado el 18/12/20 en: http://www.publicaciones.cucsh.udg.mx/pperiod/estsoc/pdf/estsoc07_2/estsoc07_2_183-197.pdf

Soria Bortz, Josie Mar. (2011)..Caja de sorpresas. Crescerpentina, México, D.F.

Spang, Kurtz.(s.a). “Apuntes para definición de novela histórica” consultado el 18/12/20 en: http://www.culturahistorica.es/spang/novela_historica.pdf

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