abril 26, 2021

Tres de Leila

By In Ensayos

Por: Tres de Leila

Dos micro historias de no ficción

Un perfume de Guerlain hecho polvo y humedad 

Alba Miranda

Te miras, te criticas y te escondes. Cierras la puerta y respiras, ves alrededor y estás sola.

Vuelves a observar y hay objetos que conocen lo más profundo de la boca, los olores íntimos, las nuevas arrugas y las viejas estrías. Un espacio de prisas mañaneras, pero con noches que merecen un ritual. Un esmalte rojo, la enagua con encajes de la última visita a París, una calada más al cigarro, y estás lista para aparentar que no hay dolor, sólo seducción.

Curiosear en lo ajeno es como espiar y revolver el lugar por el que se pasea —sin permiso— la mirada. Es un deambular de manos entre unos cajones que, probablemente, el tiempo aseguró, creándoles una maña, en caso de que quisieran ser abiertos.

Hay espacios privados de ensueño, que merecen un ritual cada vez que se entra, como el vestidor con zapato-anillo de compromiso de Carrie Bradshaw del programa Sex and the City.

Paloma Picasso, a eso olía mi abuela, y al parecer todas las señoras de San Ángel que ahora tienen más de 80 años. Aquellas damas que bordean los casi cien deben dejar su rastro de Shalimar de Guerlain, el mismo que usaba Frida Kahlo, sólo que el de ella tenía otros componentes: tabaco y hospital.

Para saber cómo fue alguien es necesario hurgar, meterse donde no es debido, en lugares donde la presencia no sólo se siente por el espacio en sí mismo, sino por el dejo de su olor entre hilos y telas.

 fragantica.es

Frida Kahlo midió 1.70, fue delgada, con senos redondos y firmes; vistió de una forma en particular; llevó una moda, un estilo personal, que fue más allá del simple vestir, ya que trató de llevarnos a su sentir, a las emociones que la hicieron usar faldas, huipiles, batas o retazos de telas hechos a su parecer.

472 objetos quedaron clausurados después de la muerte de Frida. En 2004, se decide abrir el baño que guardaba el secreto indumentario más preciado del sur de la Ciudad de México, en la Casa Azul de Coyoacán, también conocida como el Museo de Frida Kahlo.

Cruzar el marco de la puerta, y respirar el aire atrapado de un búnker que escondía colores y blancos, tuvo que ser como entrar a los recovecos de lo más íntimo en el lugar más íntimo de una casa: el baño.

Aquél es una zona limpia, en donde sacas lo más sucio de ti, un espacio en el que sucede una metamorfosis con tan sólo el contacto de tu cara con el agua.

Pero, en el baño de la Casa Azul, hace 10 años pasó un no sé qué, con las personas que entraron, después de cincuenta años de encierro entre el polvo y la humedad.

El sabor a cielo
Constanza Mazzotti

Todos recordamos aquello que nos hizo voltear a ver al cielo y después al horizonte; una promesa de paisaje infinito y fantasías diseñadas por un objeto que veíamos se alejaba sin nosotros.

Voltear al cielo, sostener diez mil metros de altitud entre los dedos y jugar con aquello que no está. El avión se fue.

Imitar el vuelo del animal con ambas manos, pensar en lo que anhelamos, pero desconocemos nos regresa los pies a la tierra y esas manos a los bolsillos.

Pero el horizonte, ese infinito que promete, que paraliza pero que insiste, se pone a nuestros pies cada que lo decidimos abordar. 

El animal más poderoso de los cielos, el de pico amarillo y garras poderosas, el renacentista anhelo por planear sobre paisajes y esas ganas que permanecen en ti y en mí se cristalizan cuando nos montamos en él, en el horizonte y en el animal. Volar.

El dócil alado en tierra despierta como gigante cuando se pone en contacto con el viento, sacude sus pliegues branquiales y comienza a dar bramadas, se levanta con tremenda dificultad y te dice en forma de ola en el estómago que ya no hay regreso.

El tímido animal que en tierra se deja guiar por pequeñas luces y ridículos banderines te reta con sus trescientos mil kilos a cuestas a que confíes y a que guardes silencio y pongas atención porque en pocos segundos todo desaparecerá.

¿En qué momento un torpe y pesado se vuelve guía de esos anhelos que ayer pisábamos entre kilómetros de cemento?

Cruzar mares, romper acérrimas fronteras hacen que nos olvidemos de nuestra pequeñez y confiemos en la conjetura de metales y complicadas aleaciones y compartamos el sueño de volvernos águilas de metal con todos los que vamos ahí.

El artefacto alado que sobrevoló en nuestros dedos y se perdió en el horizonte, marcó para algunos los sueños de infancia en tardes que caían como estrella fugaz; una estrella que ahora de noche hemos abordado, una estrella que nos dejó probar el sabor a cielo.

¿Quién es Tres de Leila?

Tres de Leila (2015) Mujer independiente que ronda los treintas, escribe sobre ella y sus experiencias en una ciudad, como dirían algunos que saben, de la furia. Al igual que la melodía, a veces nadie sabe de ella y a veces es parte de todos, aunque lo único cierto es que todo lo que ronda su mente cuando está en su oficina, conduce su auto o decide emprender un viaje al otro lado del océano, lo anota en pedazos de papel que vierte en su blog que lleva su mismo nombre. 

Tres de Leila nace en un espacio de cuentos, reuniones y textos semanales de crónica de no ficción en los mismos pasillos donde sus colegas Alba y Constanza se hicieron amigas, cómplices de vida y de posgrado. 

Tres de Leila comienza a escribir en el 2015 inspirada en sus cronistas latinoamericanas preferidas y lo hace de manera semanal. Un ejercicio lúdico que encontró su propia personalidad y medios de publicación en su propio sitio www.tresdeleila.com Desde entonces TDL, como suele presentarse a modo abreviado, escribe sobre lo que sus amigas Alba y Constanza se enfrentan como mujeres de este siglo, el siglo XXI.

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Alba Mercedes Miranda Leyva (Ciudad de México, 1987) es Latinoamericanista por la UNAM, Maestra en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Trabajó en la Conferencia Interamericana de Seguridad Social en la organización de eventos internacionales, como también en la edición de revistas académicas en inglés, español y portugués. Actualmente desempeña funciones de Subdirectora de Apoyo Logístico en la Dirección General de Estadísticas Sociodemográficas del INEGI.

Constanza Mazzotti (Ciudad de México, 1985) es italianista por la UNAM, Maestra y Doctora en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Trabajó como profesora de asignatura en la misma universidad y para el mismo departamento. Ha sido editora del suplemento Cultura en Marcha del periódico Marcha en la ciudad de Xalapa, Veracruz y fue subdirectora de fotografía en la Agencia del Estado Mexicano, Notimex. Cuenta con publicaciones en distintos medios nacionales como la revista Examen, Cuartoscuro y Nexos. Actualmente se dedica a la investigación.

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