diciembre 22, 2025

Bitácora sobre una Au Pair inexperta: Espacios de impermanencia

By In Ensayos
CHICAGO

A inicios de mis 26, llegué a Chicago, Illinois, “la ciudad santuario”: con sus emblemáticos edificios y su innegable diversidad, personas corriendo por el Riverwalk, otras en medio de los callejones inyectándose, algunas más levantando protestas por la forma en que su  gobierno  actúa en contra de mi gente,  mientras otros desde su privilegio los criticaban.  Cargaba conmigo una tarjeta con mis derechos en español e inglés por si en algún momento llegaran a detenerme. Jamás había tenido ese tipo de preocupaciones en mi vida, pero mi hermana me recordaba por videollamada el privilegio de haber llegado con papeles, y hablando el idioma, que tenía una casa a la cual llegar, que no era mía ni de mi familia, pero mis pertenencias estaban ahí y mis documentos legales llevaban esa dirección. Sí, vivo ahí, no soy miembro consanguíneo pero me expongo diariamente a su estilo de vida, cultura, idioma y hábitos: soy la Au Pair de una familia británica en los Estados Unidos.

Este término podría sonar nuevo para algunas personas, incluso en USA es más fácil identificar lo que es una nanny que una Au Pair (AP), este término proviene de “a la par” una expresión en francés que traducido al español se refiere a “un igual”. Es vendido por diversas agencias como un programa de “cultural exchange”, enmascarando las no tan nuevas formas de explotación doméstica (no en todos los casos, no quisiera generalizar ya que todas las experiencias son distintas), pero es vendido o dirigido con más recurrencia a mujeres entre los 18 y 26 años, solteras y con experiencia en el cuidado infantil, las invitan a dejar su país para entregar energía, tiempo y cuidado, el patriarcado atacando de nuevo. 

Actualmente resido con una familia de cuatro miembros y cuido de unos gemelos de dos años y medio, pero volvamos un poco en el tiempo, antes de mi vida ahora, antes de Chicago, a cuando escuché del programa por primera vez por ahí del 2019. Una historia en redes sociales de una compañera universitaria que compartía sus viajes me motivó a preguntar cómo había hecho su trámite con esa agencia en particular. Yo sabía del programa y había buscado en internet principalmente en grupos públicos y privados de facebook de Au pairs en USA donde algunas  de estas experiencias eran de chicas hablando de la fantasía que era vivir el “american way of life”, trabajadoras que poseían visa J1 que acredita su residencia en el país para vivir inmersa en la cultura estadounidense, adaptándose a una familia y a un estilo de vida y crianza distinto al de su país. Muchas de estas chicas hablan de ello como una aspiración y como mi compañera me compartió sus tips, durante la pandemia en 2020 me di la tarea de seguir algunas páginas de agencias. 

Abrí un perfil en una aplicación que abarcaba otros continentes entre ellos Europa y Asía. Me encontré con algunas otras experiencias de jóvenes que mencionaron que era más recomendable hacer el programa en EUA por beneficios como el salario mínimo, la supuesta garantía de que no seas estafada durante tu trámite y tu pago de inscripción al programa no sea a fondo perdido. Además en este país son familias reguladas por el departamento de estado, lo que en teoría asegura la cobertura de tus necesidades básicas como trabajadora: te pagan un salario mínimo de $195 dólares semanales, dan alojamiento en un espacio privado que debe cubrir criterios según la agencia, como que la habitación cuente con una ventana que pueda usar la persona en caso de alguna emergencia, una línea telefónica del país y alimentos. Existen algunos otros beneficios que cambian dependiendo de la familia, como inscripción al gimnasio, el uso de un auto particular o compartido, esenciales de higiene personal entre otros que se negocian con la familia anfitriona. 

Al margen de todo, tomé la decisión de abandonar los trámites y enfocarme en terminar mi licenciatura. Fue hasta enero del 2025 cuando retomé el proceso con la agencia que elegí y para inicios de Agosto ya me encontraba en otro país.

A mi llegada la primera familia con la que trabajé eran americanos. Cuidaba de un niño de 5 años y una pequeña de 3 años con necesidades especiales. Mariel, una argentina de 27 años, que era la au pair cuando yo llegué, no dudó en decirme que ella ya no se encontraba agusto en esa casa y que había decidido abandonar el programa. Además se había enamorado de un joven de Michigan y se casaría en Octubre. La noticia me sorprendió tanto que creí era un chiste, pues era un cliché en redes sociales: las AP en busca de contraer matrimonio con un Americano para adquirir la greencard. Sin embargo me di cuenta que mis presunciones me estaban llevando a tomar conclusiones llenas de prejuicios. Ella me habló más allá de su noviazgo, de sus sueños al llegar a USA, era pedagoga en su país y había empezado a traducir sus documentos para poder adquirir un valor curricular académico en otro país. Sus ojos brillaban al hablarme de su proceso y que haría un voluntariado en uno de los Hospitales más importantes de Illinois. Admiré su decisión y también empecé a notar las razones de su incomodidad.

Por una semana trabajamos juntas con los niños, compartimos un mate y para su despedida no hubo nada más que dos billetes de cien dólares en la mesa y ni una mirada de agradecimiento de parte de la familia con quienes vivió un año. Yo la abrace como a una amiga entrañable.  

Pocos días después sentada en el sótano tiritaba de frío, el aire acondicionado me congelaba, viví toda mi vida en Oaxaca y mi cuerpo solo podía temblar. No me quedó más que envolverme en mi rebozo que traje de Mitla y hacerme molotito en mi cama. En la segunda semana parecía aclimatarme cuando de pronto, mi oído derecho se tapó: la presión del aire, la ansiedad o el estrés acumulado hacía que mi cuerpo gritara: Sal de ahí. La intuición nunca miente, no tengo pruebas pero tampoco dudas. Pasaron dos meses para que decidiera oficialmente renunciar a esa familia, después de trabajar 45 horas a la semana con el salario mínimo estipulado y con alimentos restringidos ya que ellos llevaban una dieta especial y no me permitían cocinar ciertos alimentos incluso si eran solo para mi. Recibía comentarios pasivo-agresivos sobre las cantidades o porciones que ingería y después de las siete de la tarde ya no podía cocinar absolutamente nada. Mi rostro se llenó de acné, mi cabello se estaba cayendo y me la vivía estreñida.  

Decidí buscar una nueva familia anfitriona, el famoso Rematch. Durante dos semanas, que es el tiempo que te da la agencia para poder encontrar otra familia,  realicé alrededor de 30 entrevistas.

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¡SÍ SEÑOR, SOY DE OAXACA!

Los registros del INEGI entre 2015 y 2021 suponen alrededor de 1.2 millones de migrantes oaxaqueños en Estados Unidos. Y así fue como en el mismo programa, de la misma agencia llegó a la Damaris, oaxaqueña de 23 años, en mi última semana del Rematch. No podíamos creer que el mundo es realmente pequeño, que nos conociéramos en esas circunstancias. Compartimos una semana de trabajo, comidas y risas, me contó que durante su primer año de AP estaba a mitad de su licenciatura, ahora era su segundo año de extensión del programa y por eso llegó a la familia que yo estaba dejando. No dudé en advertirle por qué me iba, sin embargo ella venía de un año con otra familia en Las Vegas y sus palabras fueron: “A mí no me van a chamaquear”. 

Sé que al día de hoy ella pudo negociar su salario y otros beneficios con esa familia.  En México su familia de origen la apoyaba a donde fuera, y uno de sus pilares más importantes para poder continuar con el programa era su religión, ahí conoció a su pareja y encontró una comunidad latina con quienes puede sentirse aliviada hablando su propio idioma sin tener que dar explicaciones de nada. La espiritualidad le daba un sentido de  pertenencia y las fuerzas necesarias para continuar viviendo esta experiencia.

Natividad tiene 24 años y llegó una semana después que yo a Maryland. Nos contactamos por un grupo de Au Pairs en WhatsApp, nos respondíamos historias y stickers. Empezamos haciendo videollamada cada fin de semana por el homesickness, ese sentimiento de melancolía y tristeza por desear estar en casa y extrañar a tu familia de origen. Ambas compartimos hobbies, gusto por la danza y sobre todo nuestro amor a Oaxaca y su gastronomía. Ahora hablamos diario y hacemos videollamada en nuestros momentos libres para sentirnos más cerca una de la otra, no solo compartimos nacionalidad también experiencia en el proceso de AP. Cuando ella decidió hacer Rematch le di todos los tips que me sirvieron en las dos ocasiones en que lo hice, el primero en Chicago y el segundo que me llevó a dónde actualmente continúo el programa, trabajando alrededor de 35 horas a la semana y con beneficios que anteriormente no tenía. 

Aquí los consejos:

1.- Guarda absolutamente todo: fotos, videos, conversaciones con la familia con la que vives, son pruebas en caso de que tu seguridad se encuentre en riesgo.

2.- Considera tener un ahorro. Quizá no llegaste con mucho dinero pero intenta ahorrar en tus primeras semanas, nunca sabes cuando necesitarás algo para trasladarte por tu propia cuenta a un lugar seguro.

3.- Mantén comunicación con tus redes de apoyo, tanto en tu país de origen como en tu zona actual, que estén al tanto de tu situación. También con tu agencia. Te contactará una “especialista de rematch” que en mi experiencia la primera vez no me respondía los mensajes y creo saber la razón (yo pedí mi primer rematch) y en el segundo estuvieron mucho más al pendiente (la familia me sacó de la casa y mi seguridad se vio vulnerada).

4.- Ten por escrito cómo responderás a las preguntas que te harán cuando hagan tu rematch: la razón, el trato con la familia (aquí entran tus evidencias), tus nuevas expectativas, de qué edad prefieres cuidar niños (aquí depende mucho de tu experiencia y si eres Infant Quialified) ¿Cuántos niños estás dispuesta a cuidar? Y por supuesto ¿dónde quieres encontrar tu nuevo match? En todas estas preguntas sentía algo de culpa, pero me di cuenta que soy humana, merezco un lugar y trato digno y tenía que poner en claro mis nuevos “No negociables”. La agencia siempre velará por las familias pues son quienes pagan alrededor de 11 mil dólares al año por el programa, pero ¿quién vela por las AP? Supuestamente quienes venimos con una visa J-1 estamos protegidos por el departamento de estado y son quienes cuidan tus derechos, así como la agencia con la que viajas tienen por zona un Local Childcare Consultant (LCC), un representante que apoya a las familias anfitrionas y a las Au Pairs durante su año del programa.

5.- Actualiza tu perfil y tus habilidades. Al llegar a un nuevo país adquirimos nuevas habilidades, como conducción o quizá el cuidado de niños con necesidades especiales. Cambia fotos y tus objetivos profesionales, también son importantes.

6.- Crea un documento donde hagas las preguntas más importantes que tengas para la familia: sobre ellos y sobre los beneficios que te pueden ofrecer. Recuerda que no es “pedir mucho”, realmente es un trabajo con mucha responsabilidad, presión y estrés, así que debe ser justo. Estos beneficios son negociables, algunas familias desde el primer contacto mencionan que no están dispuestas a pagar más de lo estipulado y el tipo de tareas a las que te estarás enfrentando,  pero es importante saber que el programa es específicamente para el cuidado infantil por lo que hacer la limpieza de la casa u otras actividades que no son relacionadas con los pequeños, no deben ser aceptables o normalizadas como parte del trabajo. 

7.- Cuida tu energía, tus pensamientos y tus estados de ánimo. Está bien deprimirse, llorar, enojarse y frustrarse, recuérdate ¿por qué decidiste venirte de Au pair? Ten metas claras.

Las dos coincidimos en que cuando recién llegamos, muchas personas en nuestros países de origen veían el que nos hubiéramos venido acá como un logro, como una hazaña.  ¿Es la migración una señal de crecimiento? 

“Si vuelvo a mi país ¿me volvería una fracasada?” me preguntó Natividad en videollamada. Dije que ella ya tenía un valor como mujer y persona, el éxito no debería medirse en base a expectativas ajenas, si no a las suyas propias. Me hablaba a mi misma también; ambas veníamos con profesiones, no nos iba mal, teníamos para vivir en nuestro estado de origen quizá no con lujos o grandes privilegios y esa era una de las razones principales de nuestra decisión: el objetivo de “ahorrar algo de dinero mientras conocíamos otro país”. Sonaba tan fantasioso que nos reíamos de nosotras mismas. 

A ella le dieron una semana extra para encontrar otra familia anfitriona, aunque con gran gusto su familia la esperaba en México. Tenía un hermano de 15 años y una hermana con necesidades especiales. Nat decía que ellos la inspiraban a lograr conseguir algo mejor, llevaba consigo una cadenita de cruz y me di cuenta que también estaba presente la conexión con Dios, buscó una iglesia y al final encontró otra familia anfitriona así que continuo con el programa.

LAS MONTAÑAS DE COLORADO 

Dejé Illinois, y volé hacía Denver, con escala en Atlanta por 4 horas. Le había temido tanto a viajar antes, que me parecía increíble cómo logré atravesar dos de los Aeropuertos más caóticos del mundo que además tenían teorías muy conspirativas en su misticidad (como el de Denver y sus miles de pisos subterráneos, o la obra artística del famoso Blue Mustang).  

Cuando aterricé mi nueva familia me esperaba con un obsequio, pero al llegar a la casa, parecía una película de ficción, sentí que me estaba metiendo a lo que sería mi momento más terrorífico. Cuando entré a la habitación no había cortinas, y una mosca se paró en la perilla, soy fiel creyente de que las señales vienen disfrazadas de naturaleza y mi intuición me dijo que debía estar alerta. 

No pasarón más de 72 horas para que la vida me llevara a tomar mis maletas y salir de ahí. Llegué a un albergue con otras chicas cuyos derechos también fueron vulnerados y se encontraban en proceso de Rematch. Una joven de Hungría, una francesa y una mexicana, yo. 

Tenía los ojos de sapo por haber llorado pero no dije ni una palabra, solo sabía que la agencia debía darme un techo y comida mínimamente por mis derechos como trabajador. Quería correr a los brazos de mi papá como una niña chiquita pérdida, así que lo llamé ya que estaba a salvo y había recuperado mis maletas y mis documentos legales. Luego la agencia me hizo la llamada para saber desde mi perspectiva las razones del porque el rematch, con lo que me dieron dos semanas para volver a exponerme a las entrevistas. Logré conectar con la familia con la que actualmente vivo dos días antes de terminar mi tiempo límite. 

A los pocos días de llegar a la casa de Mayra, la LCC que albergaba a las Au Pairs en mi situación, entré en contacto con otras chicas mexicanas cercanas a mi zona, la bendición de las redes sociales. Aprendí que hablarle a desconocidos literalmente te puede ayudar a sobrevivir. 

Sofia una joven de 25 años tomó el auto de su HF (Host Family) y pasó por mi, me preguntó cómo estaba y me ofreció en sus días libres visitarme o llevarme a la ciudad, me dijo que no me preocupara, que encontraría otra familia y que mientras estaba en Colorado aprovechara como si fueran vacaciones. Nos fuimos a las montañas, eran unas vistas bastante lindas. Nos detuvimos en un supermercado a comprar comida por 5 dólares y comimos en un parque cerca de la Universidad de Boulder, en un pueblito conocido por sus tiendas hippies, los universitarios y las cafeterías llenas de americanos en pijama y crocs. 

Boulder, Colorado. Foto de Jason Sherrod

También conocí a Mayra, que me recibió bastante bien. Ella es de Brasil, tenía 10 años de haber migrado y nos dijo que no le resultó fácil acostumbrarse a la cultura pero estaba un poco “atrapada” por sus hijos pequeños y su proceso de divorcio. Aunque tenía planes de volver a Brasil quería seguir trabajando aquí para poder comprarle una casa a sus padres allá. Nos dijo que la vida que podríamos vivir por un año o dos no solo era prestada, podría ser el comienzo de algo más, ella había formado un grupo de mujeres de su mismo país ahí en Denver, hacían reuniones semanales para celebrar el simple hecho de vivir. Mayra dijo que mientras estuviera ahí solo podía disfrutar de lo que tenía y seguir trabajando como parte de la cultura a la que se habían comprometido. 

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ESTELLA Y EL QUESO

Estella era de Francia, tenía 25 años, no había estudiado ninguna profesión pero se había dedicado a leer sobre marketing en su tiempo libre después del colegio y de su trabajo como niñera en su país. Describía a su familia como una “típica familia francesa-classique”, su hermana tenía 27 años y acababa de iniciar su carrera en enfermería, su madre había sido madre soltera y juntas habían planeado hacer este intercambio para poder acceder a otras oportunidades más adelante, pues Estella planeaba cambiar su estatus migratorio al término de su programa. Sin embargo no contaba con el rematch y con estar viviendo en la casa de la LCC.

Convivimos durante dos semanas, comimos juntas platillos clásicos de su país y yo le preparé tortillas y enchiladas. Cuando me fui ella se quedó una semana más y al final decidió volver a su país, me había escrito por WhatsApp que volvería a América pero en busca de un internship, por lo que le tomaría más tiempo, y que deseaba que esta experiencia fuera buena conmigo. Sus palabras me llegaron al corazón y no sabía qué escribirle. Recordaba como me despidió cuando me ayudó a subir mis maletas al Uber, y lo único que le dejé fue una pulsera de hilo y un pulparindo. 

Estella me hizo recordar todos los anhelos profesionales que tenía antes de llegar, el querer estudiar y crecer en lo que realmente disfruto. Me hizo pensar que muchas veces nos encerramos en una sola posibilidad cuando en realidad hay infinitas, aunque es importante saber decir no a las que no se alinean con quienes somos y lo que queremos. 

La melancolía de ese domingo me hizo poner películas de confort, de esas que ya he aprendido todos los diálogos, que el saber el final me da una sensación de certeza al futuro, en mi necesidad de sentirme en control. LADY BIRD fue la elegida para esa noche. Dirigida por Greta Gerwig, narraba la vida de una adolescente cuyo nombre real era Christine, quien vivía en Sacramento, un lugar en los suburbios de California que para nada resultaba suficiente para una adolecente con personalidad artística. Sentía todo aburrido, monótono y con tonos deprimentes. No le gustaba su casa, quería vivir al otro lado de las vías del tren, donde las familias pertenecían a un estatus socioeconómico más alto, ahí se encontraba “la casa de sus sueños”. Mientras la miraba, me pregunté ¿Cómo saber que perteneces a esa casa de los sueños si esos sueños no son tuyos? 

NOS VEMOS EN EL PANTEÓN

La última semana que estuve en México fui a ver a mi madre al panteón. Le llevé flores, prendí una veladora y lloré, no recuerdo bien lo que le dije pero sí que sentía un nudo en la garganta y un vacío en el estómago. Mi hermana Sandra llegó una hora después, nos pusimos a limpiar y al terminar me dijo que a donde fuera que yo llegara, mi mamá estaría muy orgullosa de mi siempre. 

Me recordó quién era yo, mi identidad allá y aquí, ahora. 

He aprendido a moverme entre lugares, ausencias e impermanencia, todo eso le han dado un sentido a mi vida. La decisión de venirme a Estados Unidos era un misterio para mis amigos en Oaxaca, y para mi también. Creo que fue sobre buscar un poco de aventura, sobre la falta de oportunidades laborales en mi estado y poca solvencia económica. 

Si algo bueno he de sacar de todo esto estoy segura que será conocerme aún mejor, encontrarme con piezas jamás antes vista de mí misma, como esa valentía de enfrentarme a manejar en otro país con reglas distintas. Me agradaba. Me veía a mí misma en el reflejo del Cloud Gate pero no era yo, era una Diana distinta. 

Los días de homesickness vienen y van pero escribir me ha ayudado. Aún me falta hablar sobre Natalia, Ximena de 19 años, Lupita de 25, Mariana de 20 y Gabriela de 38, mujeres que he podido ir conociendo poco a poco y no solo son amistades, se han convertido en familia. ¿Qué pasará si vuelvo pero mi casa ya no se siente como casa? Todas nos preguntamos lo mismo, intentamos sentirnos en comunidad cuando nos reunimos y aún sin certezas de volver o quedarnos, disfrutamos.

Durante mi primer día de muertos sin mi familia, sin aroma de cempasúchil, ni mole, chocolate y pan de mi querido Mitla, pude prender una pequeña veladora, hice mi oración y asistí a una iglesia. Dentro de mi fé se que no necesito un lugar específico para honrar la memoria de mi familia difunta, pero los rituales son importantes para mí y al estar lejos la muerte cobró otro sentido. 

Este día celebro la vida, la presencia de quienes están sin importar la distancia, es algo duro pero liberador para mí, saber que nadie se va a detener a juzgarme o esperarme, aunque en lo profundo las personas o los vínculos que forman mi hogar tendrán la misma esencia con  la que los percibo todo cambia

Las cosas que no duran mucho son las mas hermosas: 

una estrella fugaz, los fuegos artificiales. 

justamente porque carecen de yo, son mas hermosos. 

¿qué tiene que ver un yo con unos ojos bellos?. 

quiero contemplar tus hermosos ojos aún cuando sepa que no durarán, 

aún cuando sepa que carecen de yo. 

tus ojos son hermosos. son conscientes de que son impermanentes. 

¿pero qué tiene de malo la impermanencia? 

¿podría existir algo sin impermanencia? 

así, aunque tus ojos sean impermanentes, 

aunque no sean tú, siguen siendo hermosos, 

y quiero contemplarlos, 

quiero disfrutar mirándolos mientras estén ahí. 

sabiendo que tus ojos son impermanentes, 

disfruto de ellos sin intentar hacerlos durar para siempre, 

sin intentar retenerlos, grabarlos ni hacerlos míos. 

amando tus ojos permanezco libre. 

THICH NHAT HANH  Monje budista zen

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