febrero 26, 2021

Todas nos hemos encontrado o el descubrimiento de la sororidad literaria en Liliana Blum

By In Ensayos
Este texto fue escrito como parte del taller Matria Literaria

Ingrid saca el libro que le regaló la bibliotecaria. En la primera página encuentra los nombres de otras mujeres. Se queda mirando las letras tan distintas unas de las otras.

Liliana Blum, El Libro Perdido de Heirinch Böll

¿Qué hace una mujer mexicoalemana leyendo la frase de una mujer que migró a los Estados Unidos? ¿Qué hace una mujer del norte de México leyendo cada semana las pérdidas que tuvieron mujeres de Yucatán? Leer la primera parte de la antología Todas hemos perdido algo, de Liliana Blum (Durango,México, 1974) me hizo pensar que la literatura escrita por mujeres, que no “literatura femenina”, puede significar también acompañamiento, sororidad. 

¿Ser sorora? Sí, con todo lo que implica esta palabra, con toda la carga de significado/significante que tiene, desde que Unamuno defendía esa palabra para cubrir una carencia léxica, el amor de la hermana: ‘Sororidad fue la de la admirable Antígona (…), que sufrió martirio por amor a su hermano Polinices’, como Alex Grijelmo señala en La ética de la sororidad.

Más de esta Desvelada: Tulio vuelve a casa

En El Libro Perdido de Heirinch Böll las historias de cinco mujeres se conectan a través de un libro que ninguna termina por leer. Cuatro de ellas sólo leen las frases de las demás y escuchan, comparten, se hermanan. Porque la sororidad también puede definirse así, de acuerdo con esta aproximación:

Desde el punto de vista morfológico, “sororidad” es un vocablo bien formado. Procede de soror, “hermana” en latín; raíz que ha dado también “sororal”. Esta última palabra aparecía ya en diccionarios del siglo XIX como “perteneciente o relativo a la hermana” (si bien la Academia no la incorpora hasta 1984). [Grijelmo,2018].

Hermanas en un mundo que las trató mal, entre los hombres que llegaron a la vida para dañarlas, entre las familias que no las comprendieron y los mandatos sociales que las dejaron como las “malas mujeres”, las “pobres mujeres” que han perdido algo: Allison, Helen, Candelaria, Ingrid y Anamari. ¿Somos todas esas mujeres? Al leerlas recordamos nuestras propias pérdidas.

A Blum la conocí desde el Monstruo Pentápodo y lo cierto es que ese acercamiento no fue el más favorable, por lo que no tenía esa ilusión lectora. Pero resultó en algo bueno, descubrí que me gusta más la Liliana cuentista y terminé admirando un libro del que no esperaba demasiado. Además de ese acompañamiento con quienes lo leí, fue redescubrir a la autora y, como dice María José Evia en Leer mujeres: lo que he aprendido en seis años [2019]

Hay pocas cosas tan bellas como amar un libro del que no esperabas nada, como conocer a una autora que hace unas horas no significaba nada para ti y ahora parece ser tu hermana del alma, la que escribió lo que tú necesitabas leer.

Foto tomada de Kindle, Amazon.
Allison Moore. Tengo miedo. Incertidumbre. Frío

Primero vino la historia de Allison.

Cuando la chica universitaria busca al hombre con poder con el que tiene una relación sexoafectiva, muchísimas lectoras se trasladarán al momento en que pasaron por lo mismo, o su amiga, o la amiga de su amiga, o su madre. Cuando se toparon de frente, además, con la idea de una probable maternidad. El miedo, la incertidumbre. 

¿Quién nos acompaña cuando estamos frente a situaciones que nos asustan?

Por la temporada en que leí la historia de Alisson en un taller literario, también conocí el testimonio de Miranda, una chica que se enfrentó a un diagnóstico de cáncer y una cirugía que así como la podía salvar, también la ponía en riesgo, y cuya compañía en esos momentos terminó siendo un hombre que acababa de conocer en el hospital. Al juntar ambos casos,me pregunto cuáles son esos momentos en los que más solas nos sentimos. 

Pienso en la sala de quirófano, cuando no tienes de quién despedirte; el momento después de un abuso, el instante en el que te das cuenta de la indiferencia de la persona que tienes frente a ti ante tu dolor. O el momento en el que te enteras que un ser querido ha muerto y toda la soledad del mundo te cae encima.

Esos instantes y esa sensación se repetirán a lo largo de las otras protagonistas del libro, una soledad que viene del “abandono” particular o general.

Blum lo logra “con ese realismo intencionalmente sórdido que elimina cualquier filtro dulcificador. Las situaciones que enfrentan sus personajes femeninos son brutales, lo que pasa y lo que no sucede”. [Gutiérrez, 2020]

La autora habla del abuso sexual infaltil y la pedofilia como son, actos que si bien caen en el horror, son parte de la vida diaria y pueden suceder a la luz del día, con personajes que si bien no tienen cara de monstruos, lo son en cierta manera. Habla también de la muerte de los hijos, de la mala relación con los padres, de la indiferencia de la pareja, de los embarazos no deseados, de la migración forzada. De cosas que pasan y tienen que contarse. Temas con los que, a pesar de ser ficcionados, puedes identificarte, aunque no lo desees así.

Helen Han. Triste. No quiero hacer lo que tengo que hacer

La segunda historia de El Libro Perdido de Heirinch Böll es la de Helen Han, quien “no quiere hacer lo que tiene que hacer” y tiene una relación tumultuosa con su madre, cumple con esa obligación de ir a verla en un día feriado. Y a pesar de toda la incomodidad, descarga en una frase ( “No quiero hacer lo que tengo que hacer”)

 la tristeza y todo el peso de la obligación y queda unida a Allison Moore y a las mujeres que seguirán.  

La incomodidad de Helen la ligo con sentir la comezón de piquetes de chinches todo el día, con la premonición o el anuncio de que tienes que terminar con una relación ya muerta, con un hombre que ya no parece estar para ti o valorar lo que haces. Una historia que leí de una de las mujeres con las que descubrí a Liliana por segunda vez. 

Como el personaje de mi compañera, Helen quiere dar fin a la relación con su madre y tirar la obligación de “buena hija”, pero duda por la incomodidad que le causaría al mundo. 

Foto de Leah Kelley en Pexels.com
Candelaria Piña. Abandonada por el mundo

La crudeza de Blum está también en los hombres que aparecen en cada relato de El Libro Perdido de Heirinch Böll, que violentan a las mujeres con inacciones (como un padre que no reacciona ante la infelicidad de la hija), y aún más con lo que sí hacen, como un sacerdote que abusa de una niña: Candelaria. 

Cande es uno de los personajes que más tristeza expresan, que más soledad transmite, en su presente, en su pasado. Con una hija producto de la violación de un sacerdote; con una migración forzada y una jornada que la consume poco a poco. ¿Cuánta soledad hay en miles de mujeres abusadas en todo el mundo? ¿Cuánta en las mujeres que emigran para escapar de su realidad? 

Los textos que narran casos de acoso y abuso sexual son en los que más estremece la identificación que puede existir al momento de leerlo (quizá por eso no tuve la mejor relación con El  Monstruo Pentápodo). Pero al mismo tiempo queda admitir que son vitales para acompañar, para decir “a mí también me pasó, no estás sola”. Porque “un libro puede ser, en ocasiones, el mejor ejercicio de empatía que podemos hacer, puede ser quizá el único que hagamos sin que nos obliguen: ponernos en los zapatos de alguien que es diferente a mí, que ha vivido una historia que ni yo pude haber imaginado, y que si no me convierte en mejor persona, al menos me ayuda a abrir el horizonte un par de grados” [Posas, 2019].

Y me llevan de la empatía a la sororidad, al querer abrazar a una chica de un taller a la que no conozco cuando cuenta una historia de abuso ficcionada, para decirle que no está abandonada por el mundo.

Ingrid Henkel Olmos. Huérfana de planes 

En julio de 2020, la escritora duranguense tuvo una entrevista a través de videollamada, transmitida en vivo por Editorial Planeta, para hablar de Todas hemos perdido algo. 

En ese encuentro dijo que la creación de El Libro Perdido de Heirinch Böll, su favorito personal, estuvo lleno de coincidencias: con el año de su nacimiento, con el nombre de ese autor alemán y su obra El honor perdido de Catalina Blum. Esa fe en la coincidencia la vemos en el hilo conductor, porque ¿qué probabilidades había de que estas mujeres coincidieran aunque fuera de forma escrita? Qué probabilidad había de que los padres de Ingrid Henkel se conocieran, muchos años atrás, para que esa mujer naciera en un país que a ratos le parecía ajeno y encontrara que un libro, con el que buscaba conectarse con su papá, la enlazaría a otras tres mujeres. 

La orfandad de planes de Ingrid y la relación con su pareja ingrata las enlazo a un texto que escribió una de mis compañeras por consigna, en el taller donde leemos mujeres. La historia, basada en su propia vida, habla de una madre que decide dejar a su marido golpeador, mientras sus hijos dejan la vida que conocían, quedando huérfanos de planes, con un futuro incierto, pero con toda la libertad en el horizonte.  

Las coincidencias del texto de una mujer duranguense y una del sureste del país, ambas experimentando ese abandono, pérdidas, cambios y violencia. 

Anamari Sánchez. Resignada a seguir viviendo 

La última gran pérdida de libro la tiene Anamari, quizá es la más comprensible, de las más empáticas. Porque es una madre sin hijo, la que sigue siendo mamá con el hijo muerto. Esa figura que no tiene nombre. 

¿Cómo seguimos viviendo ante lo que ya no está, ante lo que ya no vuelve? porque para Blum “esta idea de que hay cosas que perdemos y no se pueden recuperar ha estado ahí conmigo desde hace mucho tiempo (…) las cosas que se pierden nunca regresan: la juventud, la confianza, una serie de cosas”. 

Anamari (junto a las demás) es la demostración de que “la pérdida es algo inherente al ser humano y lo mismo está esta señora tampiqueña de la alta sociedad que la señora de la limpieza en un hospital, la vida al final es muy parecida para unos y otros a cierto nivel” [Blum,2020]. 

La realidad golpea a cada una de las mujeres de las historias. De Cande a Anamari, de Kansas a Tamaulipas. 

Y desde una especie de cuarta pantalla, la identificación, la sororidad y el acompañamiento los encontré en el grupo de mujeres del sureste del país, porque juntas leímos y comentamos esas cinco historias y las otras incluidas en Todas hemos perdido algo. Porque durante semanas leí partes de su vida ficcionada, porque, como dijo en un tweet la escritora duranguense Atenea Cruz: toda literatura es autoficción. 

Porque leer mujeres nos fortalece, es necesario. Nos ayuda a generar, además de ese “abrazo sororo”, una idea de cambio o una conciencia colectiva hacia eso. Porque como dijo Jennifer Orozco en De cómo leer libros escritos por mujeres puede salvarnos la vida… o hacerla  mil veces mejor: 

“Ante el imparable contexto de violencia que somete a las niñas y mujeres en este país, la lectura es sólo una herramienta más para hacerle frente, para poder sentirnos libres y acompañadas en el día a día” [Orozco, 2020].

Porque las pérdidas nos unen, pero leernos nos salva.

Te puede interesar leer: Liliana Blum: escribir al monstruo

Referencias:

-Gutiérrez, América. (2020). Sobrevivientes del abandono y los sueños rotos: Todas hemos perdido algo, de Liliana Blum. México: Sinembargomx. Recuperado de https://www.sinembargo.mx/20-06-2020/3807939.

Grijelmo,Alex. (2018). La ética de la sororidad. España: ElPaís. Recuperado de  https://elpais.com/elpais/2018/09/21/opinion/1537524484_614816.html.

-Evia, María. ( 2019). Leer mujeres: lo que he aprendido en seis años. México: Malvestida. Recuperado de https://malvestida.com/2019/12/leer-mujeres-por-que-es-importante-experiencia/

-Posas, Abril. (2019). Leer mujeres es como comerse una naranja. México: Editorial Paraíso Perdido. Recuperado de http://blog.editorialparaisoperdido.com/2019/06/leer-mujeres-es-como-comerse-una-naranja/

-Blum, Liliana (22 de julio 2020). Presentación de «Todos hemos perdido algo» de Liliana Blum. Con Bernardo Esquinca. México: Facebook Editorial Planeta. Recuperado de https://www.facebook.com/112136925472589/videos/298686314582384/

-Orozco, Jennifer. (2019). De cómo leer libros escritos por mujeres puede salvarnos la vida… o hacerla  mil veces mejor. México: Ibby México. Recuperado de  https://www.ibbymexico.org.mx/2020/03/08/libros-escritos-por-mujeres/

Leave a Comment