diciembre 29, 2021

El chico que amaba el invierno pero se sentía como el verano

By In Ensayos

Te encantaba el frío. Yo lo odio, pero ahora cuando lo digo en voz alta, solo puedo recordar aquella noche en que debí haberlo repetido unas 50 veces seguidas. 

“Odio el frío, odio el frío, odio el frío” recité temblando, abrazándome a mí misma en el asiento del copiloto de tu auto. “Ahí va la calefacción”, dijiste nervioso, alternando tu mirada entre el botón del clima y yo. El mantra era más en reproche para mí por subestimar el invierno cuando elegí outfit, no comprendí que te estaba haciendo sentir culpable hasta que la calefacción hizo efecto y me relajé. Sólo sonaban nuestras respiraciones en el auto.

“Te dije que te pusieras otra chamarra”, me regañaste preocupado. 

“Tú no me dices qué hacer”, contesté por instinto, y luego agregué con mi voz bajita: “pero gracias por prestarme la tuya”. El restaurante en el que habíamos cenado tenía las puertas abiertas, por lo que el aire helado se colaba por los agujeros de mis jeans. Preguntaste si tenía frío y cuando te dije que poquito, te quitaste la chamarra y con ella cobijaste mis piernas. Era una chamarra de mezclilla, de esas que tienen un forro calientito en el interior, y una gorra de sudadera. Traté de devolvértela cuando acordamos atravesar el estacionamiento corriendo de regreso al auto, pero insististe en que no la necesitabas. Me la puse aunque me quedaba enorme. Probablemente me habría enfermado sin ella.

“De nada, señorita”, respondiste en ese tono que insinuaba que ya no sabías qué hacer conmigo, pero tu sonrisa presumida se extendió por tu cara. Yo nunca uso mi voz bajita.

Ahora es temporada de frío otra vez, pero tú ya no estás aquí para regañarme por no ponerme cosas más abrigadoras. No estás para decirme “señorita”, ni para desplegar tu sonrisa presumida. Ya no estás para manejar tu auto. Nunca más vas a disfrutar del tonto invierno. 

Odio que sólo hayas tenido 24 años para hacerlo.

Some Kind Of Wonderful (1987)

He estado tratando de escribirte esto durante meses, pero no estaba segura de si tenía derecho a hacerlo. ¿Quién soy yo para publicar algo sobre ti? Siempre fui una clase de forastera en tu vida. No soy ni tu familiar, ni tu compañera de clases, nunca fui tu novia, no éramos amantes ni tampoco creo que nuestra “amistad” encaje con mi descripción de amistad, o con la tuya. Éramos más como un par de adolescentes que se reunían en la línea divisoria de sus ciudades y hablaban de música y de películas. A veces tocaban temas profundos, a veces solo se embriagaban juntos y se besaban, a veces mostraban al otro trozos de su ciudad, pero nunca cruzaban la frontera por completo. Construyeron un lugar seguro en donde sólo importaban ellos dos y al que podían volver cuando lo desearan. 

Ese lugar es lo único que me hace sentir con el derecho de escribir esto para ojos ajenos, eso y el ferviente deseo que tengo de hacerlo.

Solmaz Sharif dice que “cuando pierdes deseo, pierdes lenguaje. Lenguaje es deseo promulgado: quiero decirte algo”. Parece que contigo nunca pierdo el deseo. Estás en mis diarios desde el 2017, hay decenas de páginas y fragmentos de ti en mis documentos de Google, mis conversaciones con amigos, mi aplicación de notas en el celular y mi cuenta secreta de Twitter. Ahora que te fuiste tengo mil palabras más deseando salir de mi cuerpo. Tengo tanto que decir que si no lo hago probablemente explote. 

Además, cuando era practicante en el periódico me pediste que publicara algo sobre lo grandioso que eras, dijiste que lo recortarías y lo guardarías por siempre. Te dije que no, porque no podía alabar a alguien que amaba Sangre por Sangre y nos peleamos de la forma juguetona en la que siempre lo hacíamos.

Pasó mucho tiempo hasta que de verdad publiqué algo sobre ti. Fue para el especial de San Valentín de La Desvelada y me hiciste saber, la última vez que nos vimos, que te había gustado. Fue lo primero que escribí este año para este medio, y parece adecuado que el último del año sea también para ti. 

Así que aquí está, tal vez no sea perfecto, pero tú no lo eras, y por eso te adoraba.

 

Naciste en la primavera pero siempre fuiste devoto del invierno.

Medias lo mismo que Asa Butterfield, por lo que me sacabas una cabeza de estatura, sin embargo insistías en que no eras tan alto, así que de cariño te decía Jirafita.

Star Wars: Revenge Of The Sith (2005)

Tu cabello era negro y ondulado, te gustaba andar greñudo. En tu cuello se escondía una manchita café y en el puente de tu nariz tenías algo que parecía un granito pero era más como un pequeño bulto. No se veía a simple vista, uno tenía que estar muy cerca. 

Necesitabas lentes pero sólo los usabas cuando era estrictamente necesario, a veces ni así, y tenías ojeras que te daban un aire a Julian Casablancas; no sólo yo lo creía. El primer día de clases en la universidad, fuiste el primero en llegar a tu salón y el muchacho que era mi crush llegó justo después y se sentó a tu lado. Más tarde te confesó que sólo eligió ese asiento porque le gustaba The Strokes y tú te parecías a Julian. 

Eras un friki. Ni siquiera sé por qué al inicio tratabas de negarlo. Decías cosas que sólo un friki sabría y luego inmediatamente te dabas una cachetada: “Eso sonó muy friki”. En nuestra primera cita me llevaste a Cómicx, cenamos entre figuras de superhéroes y artículos de series y películas ¿qué era más friki que eso, Jirafita?

Evidentemente eras un enorme fan de Marvel. Fuiste el único que estaba emocionado cuando me disfracé de Tormenta en Halloween, porque amabas a los X-Men. Si pudieras tener cualquier superpoder, sería el leer mentes, como Charles Xavier. Aunque me gustaba fastidiarte diciéndote que como Edward Cullen. 

Eras firme defensor de que Andrew Garfield era el mejor Peter Parker y sabías los nombres de una cantidad enorme de personajes de los que yo jamás en mi vida había escuchado. Pero no me sorprendía, te gustaban los cómics desde niño; me encantaba esa historia de porqué tu hermano pasó de hacerte esperar mientras él compraba historietas a llevarte con él.

Aunque no eras un friki solo por eso, sino también por lo mucho que adorabas El Señor de los Anillos

Tenías “Heredero de Isildur” en tu bio de Instagram, y amabas a Liv Tyler como Arwen. Decías que Gandalf era tu cuarto abuelito y te sabías de memoria las películas, las que, por cierto, me convenciste de ver y cuando quiero recordarte feliz, escucho esa nota de voz donde me pides que no me emperre (porque ambos sabemos que yo te pregunté si duraban 4 horas y dijiste que sí) y me informas que en realidad vi la versión extendida. Te disculpas pero no puedes evitar reírte cada vez que terminas una oración y yo no puedo evitar sonreír cuando escucho tu risa. 

The Lord of the Rings: The Fellowship Of The Ring (2001)

En mi noche favorita, El Mirador ya estaba cerrado y nos sentamos frente a la puerta de entrada, bajo las series de lucecitas amarillas que colgaban del techo, a comer nuestra improvisada cena. Faltaban minutos para la media noche y el lugar estaba desierto. Pusiste en tu teléfono el soundtrack de La Comunidad del Anillo, y con tu hamburguesa en una mano y en la otra una rama seca como espada, actuaste para mí la batalla contra los orcos. 

Estabas muy emocionado cuando en tu cumpleaños te regalé un póster de Las Dos Torres, me abrazaste fuerte cuando te lo entregué y me dijiste sonriente que nadie te había regalado nada así. 

¿Qué habrá sido de ese póster? Es el único regalo de cumpleaños que te di y estuvo cerca de ser algo de Star Wars. Porque no serías friki completo sin también amarlo.

En tu bio de Instagram también tienes “Seguidor del lado luminoso de la fuerza”. Una vez me contaste que tu padre solía decirte Obi-Wan cuando eras niño, y la imagen de un tú pequeño jugando a ser un maestro Jedi aún me llena de ternura. 

Te gustaba tanto Star Wars que te emocionaste genuinamente cuando acepté verlas después de 20 años de haberme resistido. A veces hasta sincronizábamos Netflix para verlas al mismo tiempo, te gustaba estar al tanto de mis opiniones y reacciones, incluso publicaste una captura de pantalla de nuestra conversación en mi muro de Facebook, querías dejar evidencia de que me gustaba algo friki. Ahora es una de las evidencias de todas esas noches, junto con el sable de luz diminuto que me regalaste cuando terminé las primeras dos trilogías. Era de esos que salían en el cereal y aún lo conservo, está un poco despintado por pasar tanto tiempo en mi mano. 

Más de esta Desvelada: Los Rey Calavera y sus Espirales: track by track

No venía solo, esa noche me lo entregaste con una bolsita de dulces y me prestaste una USB llena de música que te gustaba junto con una montaña de películas que elegiste para mí. Y no me refiero a una lista, literalmente me entregaste las cajitas de DVD’s. 

Te gustaba tener las películas en físico, fuiste uno de los afortunados que aprovechó los remates cuando Blockbuster cerró para siempre, aunque creíste que eran simples ofertas especiales y no el fin. No sé qué hubieras hecho de haberlo sabido, te encantaba Blockbuster. Uno de tus sueños era trabajar en uno, y hubieras sido increíble en ello, yo lo sé, después de todo las películas fueron las que nos unieron.

La primera fue Some Kind Of Wonderful (te encantaba la frase del final), porque con ella descubrimos que ambos estábamos obsesionados con las películas adolescentes antiguas.

The Breakfast Club, Pretty In Pink, Sixteen Candles, Ferris Bueller’s Day Off, St. Elmo’s Fire, Say Anything, Empire Records, License To Drive, Secret Admirer, Detroit Rock City, las habías visto todas. Eres la única persona que he conocido que las ama tanto y que mantiene una lista de ellas. Nunca le había mostrado a nadie la mía, pero tú pediste verla y así nos ayudamos a descubrir nuevas. Nos pasamos sitios web piratas donde ver películas gratis, eras tan lindo que para ver Dream A Little Dream incluso descargaste el archivo de subtítulos y me lo enviaste junto a una nota de voz detallada de cómo cargarlos en la extraña página donde la encontramos.

Star Wars: A New Hope (1977)

La única película adolescente de John Hughes que nos faltó es Weird Science. Prometimos verla juntos en persona, pero ahora estará eternamente en tu watchlist de Letterboxd. Sigo entrando ahí para ver tu perfil, me reconforta ver que soy la única a la que sigues y tu única seguidora. Se siente como una confirmación tangible de ese mundo que teníamos solo tú y yo, el verme ahí entre todas tus películas favoritas.

Tu top eran That Awkwad Moment, LOTR: The Two Towers, American Pie y por supuesto Dazed and Confused, tu favorita de siempre. El bluetooth de tu teléfono llevaba por nombre Randy Floyd (el personaje principal) y estoy 99% segura de que el corte de cabello que llevaste por mucho tiempo era el mismo que el suyo. 

Te gustaba tanto que compraste dos versiones en físico y me prometiste que la que estaba en inglés sería para mí, pero luego El Desastre sucedió. Me pregunto si te quedaste tú con las dos, lo que no me sorprendería, creo que es la película que más representa tu esencia, cómo te divertías y fluías con la vida. Además de que el soundtrack era impecable y si algo te gustaba tanto como las películas era la música. Eras una rockola andante, podías ir de Iron Maden a los Backstreet Boys, de José Alfredo Jiménez a Duran Duran, de Notorious B.I.G. al soundtrack de Moana (en De Nada te gustaba cambiar los Mauis por Javis).

Pretty In Pink (1986)

Tenías un montón de playlists interminables que me encantaban. En la de la moto era donde más había pedazos de nuestra historia. Mr. Brightside de The Killers fue la que elegí la primera vez que me diste tu teléfono para que te enseñara mi música favorita, todas las de Kings Of Lion que te gustaban porque yo quería escucharlos pero no sabía por dónde empezar, Dakota de Stereophonics fue la primera canción que alguna vez me recomendaste, Fool y Young de Frankie Cosmos porque me viste escuchándolas todo el tiempo en Spotify. Un año después, cuando rara vez hablábamos, puse en Instagram que Scorpio Rising de Soccer Mommy me recordaba a un beso (era evidente a cuál) y ese mismo día, como descubrí meses después, la agregaste  a esa playlist. 

Pero todas tenían algo: con la de la luna descubrí a “Los Chicos del Verano” como decías tú, la de la guitarra para “introducirme” al rock viejito y por supuesto la de 80’s Soundtracks Movies tenía las más icónicas. Ahí es donde está nuestra canción: If You Leave de Orchestral Manoeuvres in The Dark para el icónico soundtrack de Pretty In Pink.

A veces la escucho y siento que siempre supiste que tendríamos que despedirnos más pronto de lo que creíamos.

“If you leave, don’t leave now, please don’t take my heart away.

Promise me just one more night, then we’ll go our separate ways

We’ve always had time on our sides, now it’s fading fast

Every second, every moment, we’ve got to, we’ve gotta make it last”

A veces la siento como una promesa.

“I touched you once, I touched you twice

I won’t let go at any price

I need you now like I needed you then

You always said we’d meet again someday”

Podría seguir enlistando cosas, podría hablar sobre todas las series que te gustaban, sobre cómo amabas la cerveza Victoria, sobre lo abierto que eras, sobre cómo parecía que te podías llevar bien con cualquier persona, sobre como amabas a tus amigos y tus ojos se iluminaban cuando me decías que un día ibas a llevarme a un rosario donde me iba a doler la cara de tanto reírme, porque tus Vatos Locos eran tan graciosos e increíbles. Podría hablar sobre la manera especial en que hablabas de tu familia, sobre todas las aventuras que me contaste, sobre todo lo que hiciste por mí, pero sé que es sólo una parte de tu historia.

Sé que hubo muchas cosas que nunca me dijiste y qué nunca voy a saber, partes de tu vida y facetas tuyas que jamás vi, pero estoy agradecida por todo lo que sí compartiste conmigo. Atesoro cada recuerdo que tengo a tu lado y cada conversación, incluso si a veces recordarte me pone los ojos llorosos. 

Recientemente aprendí que la palabra recordar viene del latín recordari, compuesta por re (de nuevo) y cordis (corazón) por lo que etimológicamente significa “volver a pasar por el corazón”. Así que aun cuando duele, es porque sigues pasando por mi corazón. El que siempre vaya a extrañarte también significa que nunca voy a olvidarte.

Te amo.

En The Sensible Thing, F. Scott Fitzgerald escribió: “Abril terminó, Abril terminó. Existe todo tipo de amor en el mundo, pero nunca el mismo amor dos veces”. Pienso en esa cita todo el tiempo, en que naciste en abril y en que nunca voy a amar a nadie como te amo.

Aunque no estaba enamorada de ti, siempre te amé. Sé que no tiene sentido, pero si alguien lo comprende, si alguien sabe lo mucho que significas para mí, sé que eres tú. Creo que lo supiste incluso antes que yo misma.

Eres la única persona que he conocido cuya mera presencia es tan cálida. Aunque amabas el invierno, te sentías como verano, con tu voz alegre y tu sonrisa radiante. Siempre me he sentido un poco fría y tú sabías exactamente cuándo y cómo cobijarme, con tus prendas o con tus palabras o con tus besos. Te amo por eso y por ser todo lo que eras. 

Hubo veces donde me sentí estúpida por hacerlo, por dejarte derrumbar mis barreras, por sentirte tanto. Más tarde me di cuenta de que aunque tú tampoco estabas enamorado de mí, también me tenías un amor especial. 

Por la forma en que te ponías nervioso cuando nos veíamos y hablabas de forma acelerada durante al menos la primera media hora. Por cómo empezaste a seguir a La Desvelada en Instagram solo porque yo escribo ahí, por la vez que nos encontramos cuando casi no hablábamos y de la nada me enseñaste a abrir el portón de tu casa en caso de que alguien me estuviera siguiendo. Por cómo en lugar de molestarte porque digo mis opiniones sin que me lo pregunten y soy medio sabelotodo, me alentabas. 

Siempre me alentaste a ser yo, a hablar tanto como quisiera, a cantar tan fuerte como pudiera, a bailar como si estuviera sola en mi cuarto (aunque solo tú me has visto hacer eso). 

Incluso mientras colapsaba, en una de nuestras últimas conversaciones, me dijiste que “todas las películas nos han enseñado que cuando quieres hacer lo que te gusta, debes mandar todo al pito” y que yo pertenecía a Nueva York. Nunca mencioné que ese fuera mi sueño, pero para ti, Nueva York significaba grandeza y siempre creíste en mí.

Una vez me dijiste que estabas seguro de que me iba a casar con un extranjero y que te iba a dejar aquí, pero incluso si me imaginaba viviendo lejos jamás consideré dejarte atrás.

Dazed and Confused (1993)

En mi noche favorita, cuando estabas ya casi dormido susurraste: “Gracias”.

“¿Por qué?”, te pregunté con mi voz bajita.

“Por ser mi casa cuando estoy así”. No estabas “en mal estado” como solías decir, no habías estado melancólico, ni estábamos haciendo nada más que estar abrazados, pero supe exactamente a qué te referías. Tu también eres mi casa cuando estoy así, aún ahora.

Y tal vez un día escriba algo sobre cómo me siento perdida desde tu partida, cómo lloré a diario durante semanas, cómo escucho una y otra vez todas las notas de voz que me mandaste, cómo te siento en todas partes, cómo te hago pequeños homenajes todo el tiempo. Escribiré sobre el largo día de tu funeral, sobre lo que me dijo tu mamá cuando lloré en sus brazos aunque era la primera vez que la veía, sobre cómo se sintió ver la foto enorme de tu cara rodeada de todas esas coronas de flores. Voy a publicar algo sobre todo lo que ha pasado desde que no estás, sobre todo lo que nunca te dije, sobre la muerte y el duelo. 

Pero por ahora, este es el altar que me pediste cuando te dije que te odiaba por convertirme en una friki.

“No me deberías de odiar pinchi, me deberías de alabar. Hacerme un altar ahí de ‘el mejor conocedor de películas’ y recomendarme a cualquier persona. Eso deberías de hacer”.

Javier, eras el mejor conocedor de películas y de música, y mi mundo no es el mismo desde que te fuiste.

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